.Esto fue lo que sucedió en el capítulo anterior no. 2:
Jerónimo, Alfonsina su esposa y Martina la partera emprenden la huida del pueblo de Yurécuaro en una noche oscura, van hacia la Hacienda “ La Semilla” de don Fausto Escobar y doña Patrona Hernández, logrando llegar hasta ella a salvo del ataque de los soldados Insurgentes y con su hija la pequeña Ana Victoria en sus brazos. En la Hacienda se encuentran con Belarmino, capataz y amigo de Jerónimo quien le brinda todo su apoyo. Pasan 18 años y Ana Victoria es una bella joven inteligente, valiente, mientras está con sus amigas y su amigo Obed, quien es ciego y de su edad, su padre Jerónimo le informa que la peste del cólera asiático ha regresado a Yurécuaro y temen porque saben que lo peor está por suceder. ¡Sigue leyendo esta interesante historia a continuación!
Jerónimo.- ¡Doña Patrona, la esposa del Hacendado está muy enferma! Se teme que sea la peste del Cólera Asiático que ha regresado a abismar al pueblo.
Ana Victoria.- Pero… ¿tan rápido enfermó? Ayer en la mañana, estaba perfectamente bien de salud, hasta me pidió que cortara en trozos una calabaza de cáscara dura para cocerla en piloncillo para la cena.
Jerónimo.- ¡Así son las enfermedades, llegan de repente y tardan tanto en irse…si es que algún día se van!
En eso llega Belarmino el capataz, acude en su caballo hasta el lugar donde se encuentran Jerónimo y Ana Victoria platicando, unos campos de pastizales, donde se encuentran los árboles de guamúchiles más grandes de la región:
Belarmino.- ¡Jerónimo, doña Patrona quiere ver a tu hija Ana Victoria en este momento!
Jerónimo.- ¿Cómo está la Señora? ¿Ya llegó el médico de Tlazazalca?
Belarmino.- Sí, ya la revisó el médico, escuché que afortunadamente no está enferma de la peste del Cólera, pero sí de una fuerte hepatitis, ¡La Señora tendrá que estar en reposo por muchos días!
Ana Victoria.- ¡Gracias a Dios que no fue la peste! ¡Enseguida iré don Belarmino!
Belarmino.- Señorita Ana Victoria, llévese mi caballo, yo me iré con Jerónimo enseguida, me gustaría que viera una cueva misteriosa que encontré y donde creo que hay rete harto oro, la encontré por casualidad hace unos días y se la quiero mostrar, ¡espero y no tenga miedo de entrar!
Jerónimo.- ¡Por supuesto que entraremos Belarmino, faltaba más!
Ana Victoria.- ¿Y Obed?
Jerónimo.- Obed ya se adelantó a irse a la Hacienda hija, seguro que allá te los vas a encontrar.
Ana Victoria, de hermosa apariencia, se monta en el fino caballo con una facilidad increíble, pues ella creció en el monte, entre parcelas y caballos, entre carretas y peones, entre sazones de sal y azúcar, pan y tamales y atole de masa. En el horizonte se ve la silueta de Ana en su caballo como una postal.
Hacienda “La Semilla”: El cuarto de doña Patrona es el último de los cuartos que están junto a los frescos portales de la Hacienda, pero aún en el día, cuando afuera el sol está en todo su esplendor, adentro donde descansa la Señora en su cama está tan oscuro, solo una vela encendida ilumina tenuemente el entorno, la vela deja apenas ver la silueta de doña Patrona envuelta en varias sábanas. Ella está muy cansada, le duelen todos los huesos y siente como si hubiera caminado por días y días sin descanso. Afuera de la Habitación se encuentra Eustolia, sirvienta de la Hacienda, quien a sus casi setenta años, es de confianza en la Casa Grande, pues ella ya tenía varios años de servicio cuando hace 18 años llegaron Jerónimo, Alfonsina y Martina la partera, pero a veces siente mucho coraje y envidia pues siente que desde la llegada de ellos, ella ha perdido influencia en la Casa. Ana Victoria y Obed llegan hasta el cuarto de doña Patrona, ahí afuera está Eustolia:
Eustolia.- ¡La Señora te está esperando con impaciencia desde hace rato Ana Victoria!, pero mencionó que solo te quería ver a ti, siento que Obed no debería entrar.
Ana Victoria.- ¡Obed no entrará, me esperará aquí afuera!
Obed.-Sí Eustolia, ¡Yo estaré aquí regando las flores de las malvas de los portales!
Eustolia lo mira con mucho coraje y cinismo:
Eustolia.- ¡A veces dudo que seas ciego! No se te dificulta nada, a veces pienso que solo finges tu ceguera solo para causar la lástima de Martina la partera, ella te crió desde que te abandonaron tus padres, debes de estar muy agradecido con ella, le quitaste la amargura de ayudar a las mujeres a parir y ella siempre con su vientre vacío, fuiste como un regalo que un buen día ella se encontró en el camino ¡y por lástima te cuidó!
Obed.- ¡Mi madre Martina nunca me ha tenido lástima! ¡Yo siento su amor y su cariño sinceros hacia mí! Siempre me ha respetado y valorado, por ella soy quien soy y me puedo valer casi por mí mismo.
Eustolia.- ¡Tarde o temprano veremos en realidad quien eres Obed, de eso no habrá duda!
Mientras tanto, Ana Victoria entra al cuarto de doña Patrona:
Doña Patrona.- ¡Entra con confianza Ana Victoria y acércate hasta mi cama!
Ana Victoria camina entre las sombras, entre la oscuridad debido a que no hay ni una sola ventana en el cuarto que dé luz del exterior.
Ana Victoria.- ¿Me mandó llamar Señora? ¿En qué puedo servirle?
Doña Patrona.- ¡Me siento muy débil y cansada! De toda la servidumbre, sé que tú me serás muy útil, además ya sabes que te estimo como si fueras… mi hija. Pues te conozco desde que tenías un par de días de nacida, sé que eres muy valiente, lo sé, además ¡me recuerdas tanto a ella!
Ana Victoria.- ¿A ella? ¿A su hija?
Doña Patrona.-Sí. Me recuerdas a mi hija, pero es muy doloroso para mí hablar de ella, ¡Hace ya tantos años que falleció! Sabes, ¡A veces me siento tan vacía! Fausto mi esposo y yo hemos descubierto que en realidad no somos felices, ni lo seremos completamente con esa herida que nunca se cerrará. Bueno ¡Basta de lamentos! Te mandé llamar porque eres la única joven en toda la Hacienda que sabe leer y escribir ¿No es verdad?
Ana Victoria.- La maestra, la Señorita Magali Curiel me ha enseñado la lectura y la escritura, no tengo con qué pagarle toda su atención dedicada a mi persona.
Doña Patrona.- ¡Mira, acércate y toma la vela encendida y camina hacia aquella pequeña mesa, ahí tiene un cajón, dentro de él se encuentra un antiguo libro, tráelo hacia mí, quiero que me leas un poco de él!
De repente, la vela se apaga, todo se queda oscuro, Ana Victoria apenas y puede caminar, siente como si de repente todo le diera vueltas y su vista se nubla, y el corazón se le quiere salir de lo aprisa que le late, se siente como si estuviera dentro de un enorme hoyo negro, incluso siente que se le dificulta respirar, cree que se va a desmayar. Cuando vuelve a encender el fósforo y el cuarto apenas y se ilumina, siente fuertes náuseas y quiere vomitar. Doña Patrona comienza a gritar pidiendo ayuda:
Doña Patrona.- ¡Eustolia! ¡Martina! ¡Alfonsina!
Martina va pasando por ahí, cuando escucha su nombre y acude, Eustolia también entra, Obed deja el pequeño jarrón de agua y va.
Doña Patrona.- ¡Ayuden a Ana Victoria que está a punto del desmayo! ¡No sé qué le pasa a esta muchacha!
Martina.- ¡Ana Victoria! ¿Qué tienes?
Obed.- ¡Ana! ¡Ana!
Eustolia.-¡ Saquémosla de aquí, necesita aire fresco!
La sacan hacia los portales para que se refresque un poco, Alfonsina su madre llega a toda prisa, muy preocupada:
Alfonsina.- ¡ Ana Victoria, hija qué te pasó?
Ana Victoria.- No sé, de repente no podía respirar y sudaba frío, sentía miedo a la oscuridad, pensé que iba a morir.( Llora desahogándose).
Martina.- Eso ya te ha pasado varias veces.
Eustolia.- Esta muchacha está exagerando, lo único que quiere lograr es llamar la atención de la Patrona.
Alfonsina.- ¡Eso no es verdad Eustolia, y bien lo sabes que Ana Victoria no es así!
Martina.- Así es. Nosotras sabemos la verdadera razón de los ataques de miedo, Ana Victoria nació hace 18 años en una cueva, en un hoyo oscuro, un sótano, ¡Vaya recibimiento que le dio la vida! Lo primero que vio fue la oscuridad, después la luz, pero no del sol, sino de un pueblo que ardía en llamas. Todo eso quedó bien grabado en su mente, además Alfonsina estaba muerta de miedo antes de dar a luz, todo eso se transmite de madre a hija.
Ana Victoria.-Siento que hay mucho de cierto en tus palabras Martina, pero ¡no me voy a rendir! Y voy a superar mis miedos ¡Voy a volver a entrar con la Señora, pero quiero que me acompañe Obed y encenderé dos velas más.
Eustolia.- ¿Y de qué te puede servir la compañía de este pobre ciego lisiado?
Martina (Con coraje y valor).- ¡Mide tus palabras Eustolia! Obed está capacitado para todo lo que se proponga, si es posible, él mira mejor que tú.
Eustolia se marcha muy molesta.
Obed.- Mamá, no tiene caso discutir con ella, no pierdas tu energía en cosas vanas, ambos sabemos de lo que somos capaces, y eso es lo que cuenta. ¡ Te quiero mucho! ( La abraza).
Martina.- No Obed, no voy a permitir que alguien te humille, eres mi hijo y vales mucho, si se puede vales más que muchos que ven y oyen con los ojos de afuera, porque tú, puedes ver por dentro.
Obed acompaña a Ana Victoria al interior del cuarto nuevamente, y encienden dos velas más. Dentro, doña Patrona le pide a la joven que le lea una parte de los Salmos: el 23.
Ana Victoria ( Leyendo).- “ El Señor es mi Pastor, nada me faltará. En prados herbosos me hace recostar, me conduce por descansaderos donde abunda el agua… Aunque ande en el valle de sombra profunda, no temo nada malo, porque tú estás conmigo, tu vara y tu cayado son las cosas que me consuelan…”
Doña Patrona.- ¡Es un texto hermoso!
Obed.- Pero tengo una pregunta, comprendo que el Pastor es Dios, pero si todos tenemos un nombre, por ejemplo, el señor Jerónimo, el señor Fausto ¿Cuál es el nombre de Dios?
Doña Patrona.- El Salmo 83: 18 te contestará esa pregunta Obed. Recuerdo que mi hija, quien se llamaba Edith me hizo la misma pregunta.
Ana Victoria.- ¿Cómo era su hija?
Doña Patrona.-Mi hija era tan hermosa como tú. Su imagen la tengo bien grabada en mi mente, pero principalmente en mi corazón, desde que murió hace 18 años mi vida es muy difícil de vivir. ¡Mira te voy a mostrar algo que guardo de ella con mucho amor!
Saca de entre su almohada un torzal de oro, con un medallón, con unas rosas dibujadas en oro en su interior, ¡es realmente precioso!
.- Esta joya perteneció a Edith y es lo único que guardo de ella, mira en una ocasión, un Pintor de apellido Molinar, muy afamado vino a pintarnos a Fausto y a mí una pintura de los dos, y al ver a Edith quedó tan fascinado con su belleza que la pintó también, pero su cuadro fue robado cuando asaltaron la Casa Grande. ¡Nunca la pudimos recuperar! Desde entonces Fausto mi esposo, no ha podido superar la pena y la tristeza y a veces pasa largas jornadas encerrado en sí mismo, en su mundo.
Ana Victoria.- ¡Cómo me hubiera gustado conocer a Edith aunque sea en la pintura!
En el Monte de León, Cerrito, están Jerónimo y Belarmino. Se le llama así a este lugar porque tapiza su suelo y su tierra una planta que lleva el nombre de León, y ahí están ante la entrada oculta de una cueva misteriosa, todavía uno se puede confundir y no ver nada, pues la entrada está tapizada de matorrales que distraen la atención de quién pasa por ahí:
Belarmino.- ¡Vamos a entrar con algo de dificultad! Traje dos velas y varios fósforos, pero antes de entrar vamos a dejar bien claro cómo vamos a quedar con el tesoro o botín, que sea mitad y mitad sin envidia ni desacuerdos.
Jerónimo.- Belarmino, he visitado cueva tras cueva, escarbado bajo los árboles y nunca he encontrado el tan ansiado tesoro que siempre he buscado.
Belarmino.- Pues tengo entendido que hace 18 años escarbaste un hoyo enorme en tu casa, una cueva y que en esa noche de fuego, en ese sótano cuan do llegaste te encontraste con el más lindo tesoro, tu hija Ana Victoria.
Jerónimo.- Así es, ella es mi más preciado tesoro, oye Belarmino ¿Por qué estás tan seguro de que aquí en esta cueva sí hay algo valioso?
Belarmino.- Porque encontré muestras de que aquí estuvieron personas de dinero, mira te voy a mostrar algunos objetos.
El capataz ilumina con la vela un rincón de la cueva y se puede ver en el suelo, los restos de un fino vestido bordado, y algo que parece ser una pintura, un cuadro.
Jerónimo.- ¡Esto parece ser una pintura de algo o de alguien, solo la gente rica es la que las manda hacer, pero no se ve ninguna imagen, todo el cuadro está negro, como si alguien intentara borrar u ocultar la identidad y lo logró.
Belarmino.- ¿Sabes algo? Tengo la vaga sensación de que el marco y el tamaño de la pintura yo ya lo había visto antes en la Hacienda, en la Casa Grande.
Jerónimo.-¡ Pues vamos a llevarlo y le preguntamos a la maestra Magali y a su esposo Leonel acerca del cuadro, ellos saben mucho de todo eso!
Belarmino.- Sí, eso haremos, presiento que este cuadro puede cambiar mucho la vida de muchas personas…
CONTINUARÁ ESCRITA POR FRANCISCO MURILLO MÉNDEZ.
Un agradecimiento especial a:
María Esther Meza Arellano
José Chavez Rodríguez y Elidia Oyuki Solorio Morales quienes forman el Equipo FUJIFILM y su atención tan amable y amigable en la toma de fotos.
martes, 13 de abril de 2010
sábado, 20 de marzo de 2010
CAPÍTULO 2: “LOS BRILLANTES OJOS DE UN POETA CIEGO”
Si te perdiste el primer capítulo de la Historia. Esto fue lo que sucedió:En el Yurécuaro antiguo, los Insurgentes, soldados comandados por un hombre con poder, queman varios pueblos, incluyendo Yurécuaro. En esa noche Alfonsina da a luz a una niña hermosa, en medio de la oscuridad de un escondite secreto, construido por Jerónimo su esposo, un lugar oculto entre tanta luz del fuego que cubre el pueblo como manto. Martina mujer madura, quien es amiga de Martina, será aliada de ellos en su huida para salvar su vida. María de la Luz Rico, hermosa joven del pueblo, prefiere morir, que perder el valioso tesoro de la castidad. ¡Continúa leyendo esta gran historia a continuación! Jerónimo, esposo de Alfonsina vuelve a la casa y entra al escondite secreto, con telarañas y humedad, entra sigilosamente, Alfonsina está muy preocupada por su sobrina Ma. De la Luz:Alfonsina.- Dime Jerónimo ¿Encontraste a María de la Luz? ¿Viene contigo? Jerónimo.- ¡María de la Luz descansa, ella duerme en profunda paz!Alfonsina.- ¿Y el tata Nacho?Jerónimo.- Tu hermano Isidro y sus hijos se lo llevaron en un petate al cerro. Allá en el monte ellos tienen su escondite. Alfonsina no ha comprendido que el sueño de María de la Luz es el sueño eterno de la muerte y que duerme, sí en profunda paz.Alfonsina.-Jerónimo ¿y nosotros cuando nos iremos de aquí?Jerónimo.- ¡Esta misma noche!Martina la partera se impacta al oír estas palabras:Martina.- Pero… ¡es muy pronto, Alfonsina necesita reposo y la niña puede enfermar o morir! ¡Es muy peligroso este viaje! Tengan compasión de esta criatura.Jerónimo.-Si nos quedamos aquí, la vida de la niña y de todos sigue corriendo peligro, además corremos el riesgo de que nos lleven prisioneros al Fuerte de San Gregorio y esa caminata tampoco la aguantarán Alfonsina y la pequeña Ana.Alfonsina.-¿ Ana? La niña se llamará Tabita.Jerónimo.- Se llamará como tu mamá, Ana, pues yo se lo prometí y lo voy a cumplir.Alfonsina.- Está bien. Lo importante es que estemos a salvo de la violencia que reina en el pueblo.Con mucha dificultad, Jerónimo ayuda a Alfonsina a salir de la humilde casa destruida por el intento de incendio, Martina lleva a la pequeña Ana en sus brazos, quien pareciera ser cómplice de ellos y de la huida, pues no llora, sino que duerme, como ignorando la cruda realidad. Al amparo de la oscuridad y de la luz de la luna llena, caminan buscando un refugio, con una esperanza de encontrar una luz en el horizonte. Cuando llevan unas horas de camino, Alfonsina pide que se detengan, se siente muy mal:Alfonsina.- ¡Creo que no voy a llegar, me siento muy débil! ¡Déjenme y continúen ustedes! Además se oye que vienen caballos y los soldados. ¡Váyanse y salven a nuestra pequeña!Martina.- ¡Dios mío, estás ardiendo en fiebre Alfonsina! Déjame que te acostemos sobre la maleza, y no, nunca pienses eso, de que te vamos a dejar.Jerónimo.- Sí Alfonsina, tienes que llegar y seguir con nosotros, ¡nuestra hija te necesita más que nunca!Martina.- ¡Aguanta Alfonsina! El hecho de que hayas estado en esa cueva, en ese sótano tan sucio, te pudo haber infectado de algo. Lo que me preocupa es el ombligo de la niña, yo la siento calientita.Jerónimo.-Parece que están muy cercas los soldados de aquí. ¡Vamos a escondernos cercas de aquella zanja!Martina.- ¡Ojalá no llore esta niña! Necesita comer, ¡necesita ser muy fuerte!Mientras ellos se ocultan entre el follaje, los soldados pasan con su caballería arrastrando a dos hombres, quienes sujetos y atados de ambas manos van sufriendo el camino hacia una muerte cruel y segura.Alfonsina.- ¡Mi niña no vayas a llorar! Sé fuerte para que no nos descubran.Cuando por fin parece que los Insurgentes se han ido Martina descubre por el olor, un pequeño árbol de fresno, corta algunas de sus hojas frescas y se las da a Alfonsina para que las mastique y tome el agua que necesite para soportar el trayecto.El alba comienza a iluminarse, se ha terminado la noche, hay una neblina blanca, que puede confundir con humo blanco, pero poco a poco y a través de ella se puede ver a lo lejos la Casa Grande del Patrón, la Hacienda nueva, llamada “La Semilla”. Jerónimo está sorprendido y comienza a reírse con sonoras carcajadas, fuera de sí, pues ahí está el refugio, por fin podrán comenzar una nueva vida. Alfonsina y Martina también sonríen. Jerónimo abraza a la pequeña Ana y con toda firmeza le dice mirándola a la carita:Jerónimo.- ¡Has tenido aguante! ¡Has ganado tu primera batalla y tenido tu primera gran victoria! Desde hoy tu nombre será Ana Victoria, mi niña valiente, mi Ana Victoria.Al poco rato se encuentran ya en la Casa Grande o Nueva Hacienda llamada “La Semilla” donde Alfonsina es atendida y Martina se encarga de la niña. El capataz de la Hacienda, un hombre ya maduro, pero fuerte llamado Belarmino se encuentra con Jerónimo y lo reconoce:Belarmino.- ¡Veo que cumpliste tu palabra de venir!Jerónimo.- Lo dije y lo cumplo. ¡Quiero trabajar y servir en la Hacienda desde hoy y ojalá por muchos años!Belarmino.- ¡Así puede ser! ¡Tú me salvaste la vida hace tiempo Jerónimo! Y eso nunca lo olvidaré, aquí tendrás todo mi apoyo, considera la Hacienda como tu nuevo hogar para ti y tu familia.Jerónimo.- ¡Así será! Lucharé para que este sea nuestro hogar de mi pequeña Ana Victoria, aquí la veré crecer hasta que se convierta en toda una señorita ¡ya lo verás, ya casi la puedo ver!A veces con los ojos de la imaginación podemos ver tantas cosas, y a veces la realidad es tan difícil de ver, el tiempo se pasa volando, como volando se va la vida y los años.1834, AÑOS DESPUÉS: CASA GRANDE, HACIENDA “LA SEMILLA”:Han pasado 18 años, la Hacienda está progresando, se ve mucho movimiento en ella, pero permanece la calma. El hacendado es Don Fausto Escobar, hombre recio, pero en el fondo, noble. Sufre de tiricia o tristeza, ya que siempre está encerrado en el cuarto de la ventana del campo de maíz, donde no se ve nada y el verde del maizal tierno, refresca y calma la más dura de las conciencias. En la cocina de la Hacienda, Alfonsina trabaja de cocinera junto a Martina y debido a su rico sazón se ha ganado el respeto del hacendado Don Fausto Escobar y su esposa doña Patrona Hernández. Es una cocina impresionante, con montones de platos y tazas de barro, cazuelas y comanjas frescas que sudan agua cristalina, para calmar la sed de los peones después de una larga jornada de trabajo. La cocina se impregna de las verduras frescas, ajos, cebollas, perejil y cilantro, chiles secos que cuelgan de un lazo, y ahí está Alfonsina cocinando como nadie, vigilando que los ingredientes de cada comida bailen la danza del sabor de México, de ese México de 1800 que respiraba un viento de incertidumbre.Mientras tanto Jerónimo labora como mayordomo en las tierras de maíz, frijol, papa y cacahuate, y ahora busca por las parcelas cercanas a su niña, porque aún a sus 18 años que tiene Ana Victoria, para él sigue siendo su niña. A lo lejos la puede ver corriendo con dos de sus amigas:Jerónimo.- ¡Ana Victoria! ¡Tu madre te busca con insistencia!Ana Victoria es una joven realmente hermosa, morena clara, de cabello negro largo y ondulado, quien parece no escuchar el fuerte grito de su padre, pero Obed un joven de su edad se lo recuerda:Obed.- ¡Ana Victoria, tu padre te grita!.Ana Victoria.- ¡Ya voy Obed, seguro mamá quiere que me vaya a encerrar de nuevo en la cocina, yo no quiero ser como ella, que está metida todo el día en ella con Martina, yo necesito la libertad del campo para respirar.Obed.- Lo sé Ana Victoria, pero recuerda que es mejor obedecer a tus padres siempre. Si yo los tuviera, yo lo haría, ¡si tan solo pudiera ver!Ana Victoria.- Obed, aunque eres ciego, eres la persona más valiosa que conozco como amigo, sabes, ¡tienes unos ojos radiantes, brillantes como el sol, yo sé que ves muchas cosas que ni nosotros mismos lo vemos, tienes una sensibilidad muy especial, y yo trato de obedecer a papá y a mamá con gusto, no obligada, pero también necesito mi espacio.Obed.- ¿al rato me dejas recitarte el poema que escribí en mi mente esta mañana? Se llama “Sombra de mil colores”, te lo escribí a ti.Ana Victoria.- Por supuesto, ahora ¡Déjame ir para ver lo que quiere papá, nos encontraremos en el Río Lerma por la tarde.Obed.- Ahí estaré.Cuando Ana Victoria llega con Jerónimo, este la abraza y le dice:Jerónimo.- Hija, acaban de llegar noticias de que la peste del cólera asiático está azotando Yurécuaro, necesitamos cuidarnos mucho. Sabes ¡Tengo miedo de perderte mi pequeña!Ana Victoria.-Papá, para mi la vida apenas comienza, y sé que hay algo muy bueno para nosotros en el horizonte, ¡No hay que temer!Jerónimo.- Te lo digo porque doña Patrona, la esposa del Hacendado está agonizando, enferma, quizás de eso… CONTINUARÁ. Relato escrito por Francisco Murillo Méndez.Recuerda mandarme tus comentarios y sugerencias al siguiente correo: Franchopan@hotmail.com
domingo, 14 de marzo de 2010
CAPÍTULO DE INICIO: “UNA LUZ PARA EL OSCURO REFUGIO DE LA IGNORANCIA”
Yurécuaro Antiguo, Michoacán 25 de Enero de 1816.
Pueblo antiguo, pueblo rojo, pueblo oscuro de denso humo negro. Ya las calandrias han huido, su canto no se escucha más, el silencio las corrió de golpe, el trotar de los caballos sustituye su canto y la incertidumbre visita cada espacio, cada instante. ¡Cuanta falta hace la Luna! ¡El sol! ¡Cuánto anhelamos toda una luz en el horizonte!
Ha caído la noche, de repente se escuchan gritos por doquier, las personas corren, los niños lloran, las mujeres los abrazan tratando de protegerlos, ocultándolos entre sus rebozos para que no vean el peligro que se aproxima, aunque no lo ven, lo sienten, en el mismo viento que evapora, que quema. Hay angustia por todas partes. Las puertas de las casas son aseguradas con las pesadas trancas, donde detrás de ellas las familias se ocultan, creyendo que están protegidos, seguros de Los Insurgentes, de esta fuerza numerosa, compuesta por igual por muchos soldados traicioneros que han tomado a este pueblo por asalto. Comienzan a atacar a las personas que corren escapando por las calles, atacando a las jóvenes muchachas que despavoridas y horrorizadas ven en los ojos de estos hombres el brillo de la maldad y la insensibilidad. Este ejército al mando de un hombre cobarde comienza a quemar todas las casas que encuentran a su paso, donde en su interior las familias se refugian temerosas. Muchas otras tratan de huir del pueblo, pero son detenidos y llevados como prisioneros al Fuerte de San Gregorio, como a una hora de distancia.
En una casita humilde vive Alfonsina, una mujer de unos 32 años, quien está embarazada y a punto de dar a luz. Quizás por los acontecimientos el parto se le ha adelantado, los dolores son cada vez más intensos. Con ella se encuentra Martina, de medio siglo de vida, partera y familiar suyo, tranquilizándola y a la vez preparándola para el inminente acontecimiento:
Martina.- Alfonsina, ¡Tienes que ser fuerte, tu bebé ya va a nacer! Además la puerta está bien segura, ¡Ya le puse las dos trancas más macizas!
Alfonsina.- Pero, ¡Jerónimo mi esposo anda afuera en el peligro, como quieres que me tranquilice! Los soldados andan causando su ruin desastre por todas partes, ¡Tengo mucho miedo Martina!
Martina.-Si te tranquilizas, ¡todo va a salir bien y pronto tendrás a tu bebé en tus brazos! , de Jerónimo no te preocupes, él se sabrá cuidar, le dicen “Jerónimo el Loco”, capaz que se las ingenia para esconderse de los Insurgentes.
En ese momento se escuchan afuera las voces de los hombres que atacan sin piedad Yurécuaro, el ruido de los relinchidos de los caballos a toda prisa hace que se enchine la piel hasta de la persona más fuerte, la noche y el cielo se tornan de color rojo y naranja luminoso, brillante por las casas frágiles, indefensas que se están quemando, incluso la iglesia del Pueblo arde en llamas. Alfonsina y Martina escuchan cuando uno de los hombres menciona sin tapujos y con ironía:
.-¡Esta casa está muy triste, le falta una chispa de vida!
Y con su antorcha encendida comienza a prenderle fuego, Alfonsina cree no aguantar más, está a punto del alumbramiento.
Afortunadamente, mientras la casa apenas comienza a encenderse llega Jerónimo, el esposo de ella, quien al ver que no tendrán escapatoria decide arriesgar el todo por el todo y gritándoles para que le abran en medio de las crecientes llamas, entra y les dice:
Jerónimo.- ¡Llegó la hora de estrenar el escondite secreto!
Martina.- ¿De qué escondite hablas Jerónimo? ¿Estás realmente loco o qué?
Jerónimo.- No mujer, ¿Te acuerdas cuando me encerré por meses dentro de la casa y decían que estaba luria o ido de la mente? Me puse a escarbar para encontrar un dizque tesoro, aunque no encontré ningún tesoro, pero quedó el boquete tan grande que poco a poco lo fui engrandeciendo hasta que se convirtió en un escondite, el cual hoy vamos a usar y del cual nadie sabe que existe. Ahí bien cabe un petate grande y se puede encender una vela, aunque la luz no se ocupe, sino que es lo que sobra, mientras tú sales de tu apuro, yo voy a apagar por un rato lo que se está quemando afuera, ¡aunque es casi seguro que esos malvados vuelvan y le prendan fuego otra vez!
Jerónimo abre la puerta del gran hoyo que hizo hace ya mucho tiempo, es casi cueva, casi tumba, casi sótano, el refugio secreto que todo mortal de Yurécuaro desea en estos momentos.
Mientras Alfonsina da a luz, en su mente y en su corazón solo hay ahora un pensamiento:
Alfonsina.- ¡Mi sobrina María de la Luz está sola en su casa, sus padres salieron, está en peligro mi muchacha!
Y efectivamente no estaba equivocada. Por la Calle llamada “ Del Olvido”, María de la Luz, una hermosa joven de cabello negro lacio, el cual le llega hasta la cintura, corre al amparo de la noche, temerosa se dirige aprisa a la casa de su abuelo “ el Tata Nacho”, pero entre el miedo y las ansias de llegar pronto hasta él, su mente se detiene a pensar en cómo apenas unos meses atrás, el cielo era todavía azul en el día y estrellado en la noche, no rojo como el Yurécuaro ardiente que ahora ve y siente. Recuerda sus ilusiones, sus esperanzas, porque como todas las jóvenes de su edad, María de la Luz está llena de vida, pues además de hermosa, es alegre y decidida. Firme en sus decisiones y con una cualidad tan admirable, la deseada virtud de la castidad.
Recuerda cuando fue a la orilla del Río Lerma con su prima Isabela, su única amiga, de su edad, cuando se acercaron a sus aguas cristalinas que corren suavemente por el Río:
Isabela.- ¡Déjame refrescarme la cara! ¡El agua está tan fresca y tan rica!
María de la Luz.- ¡Yo quiero beber, tengo sed!
Isabela.- ¡Bebe! ¡Está deliciosa, yo bebería de esta agua toda la vida! Oye María de la Luz ¿No es hermosa la juventud? ¡Siento que estamos entrando a una etapa tan bella!
María de la Luz.- ¿Lo dices por el joven con el que platicas a veces?
Isabela.- Solo ha sido un par de veces, además solo platicamos ¡Nada más!... Bueno, la verdad es que ya tenemos tiempo de vernos y ¡ayer se atrevió a decirme algo que me dejó helada! Se atrevió a pedirme una prueba de mi amor, me dijo. “Si realmente me amas, me lo demostrarías” y yo no supe que decirle.
María de la Luz.- Si a mí me dijeran “Si realmente me amas, me lo demostrarías, yo les contestaría: “Y si tú realmente me amas, no me lo pedirías”. No Isabela, la virginidad de una mujer es algo tan valioso, en ella está envuelta la dignidad y el respeto, ¡es uno de los tesoros más grandes que posee el ser humano, la dignidad”. Cuando realmente se ama, se respeta, no solo el corazón, sino hasta los pensamientos.
¡Mira los alcatraces Isabela, están hermosos!
Isabela.- ¡Cortemos un manojo y llegando a casa los ponemos en el jarrón de barro de la cocina! ¡Y ya vámonos que ya es muy tarde!
¡Qué días aquellos! Ahora María de la Luz corre, cubierta por un rebosa azul marino que no puede ocultar la belleza que protege!, incluso en cuestión de segundos, tiene que arreciar el paso, porque al ver hacia atrás se percata de la presencia de un soldado llamado Antonio Hernández, quién en su caballo, y de manera soberbia e imponente, amenazante, mira a María de la Luz de arriba abajo sin vacilar. Ella le apura, corre más aprisa hacia la casa de su “Tata Nacho” quien debido a su edad y a sus reumas crónica que padece está postrado en cama y no tiene quien lo cuide.
María de la Luz ve como Antonio el soldado cruel al verla parada y tocando la puerta con insistencia, prepara una antorcha para prenderle fuego a la casa de adobe y frágiles vigas de palo, donde descansan los petates que hacen la parte de techo. Ella prefiere entonces seguir corriendo, para impedirlo y frustrar sus malvados planes. Pero descubre también aterrorizada como las calles están completamente vacías y Antonio el Soldado la acorrala con su caballo:
Antonio.- ¡No te vas a escapar de mí nunca!
María de la Luz.- ¿Por qué? ¿Por qué tratar de robar algo que no le pertenece?
Antonio.- Me gustas, eso es todo lo que sé, ¡Mira a tu alrededor, no hay nadie que te pueda ayudar! ¡Nadie!
María de la Luz, está en la plaza del Pueblo ya, tiembla, aterrada, siente frío en medio de tanto olor a fuego, ¡Siente un frío inmenso!, ¡No tiene escapatoria!, ese frío es de injusticia, de rabia, y a la vez de valor, de dignidad. Cierra sus ojos y le pide al Dios Verdadero que le de la paz que supera a todo pensamiento, que solo Él puede dar, la paz que vence al miedo. Al ver a Antonio corre hacia ella con las intenciones más viles y cobardes, ¡ella corre para alejarse de él!
Corre hacia una gran puerta dibujada con lumbre, para recibir el abrazo ardiente de una ola de fuego, y recibe su calma, su calma y paz que la cubre y la refresca, ella vuelve a sentir frío, pero ahora ya no tiembla, ¡Está tan fresca como el agua cristalina que bebió! Y ¡está tan limpia y pura como los alcatraces que cortó y llevó en sus brazos!
En la distancia, Antonio observó a la joven y contempló con terror la escena de cómo ella se perdió en una cortina de color de fuego, y en medio de su insensible corazón, una lagrima, quizás de remordimiento corre por sus ojos.
Una mujer muy valiosa se perdió, se fue, pero otra mujer acaba de nacer. En el escondite secreto de Jerónimo y Alfonsina, ésta se convierte en madre y da a luz una niña,¡ la cual llora tan fuerte, como si quisiera con su llanto apagar el mismo llanto de dolor y de sufrimiento de mucha gente!
Martina.- ¡Ya nació tu niña, Alfonsina!
Alfonsina.- ¡Gracias a Dios Martina! (Llorando de alegría)
Martina.- ¿Ya pensaste cómo se llamará?
Alfonsina.-Sí. Se llamará Tabita, como la mujer que resucitó el apóstol Pedro en una ocasión, le pondré así porque será como si mi niña viviera en un Pueblo que resucitará ¡Porque se va a levantar Yurécuaro, Martina! ¡Tiene que levantarse de los escombros, de las ruinas! Será como un pueblo naciente y de nosotros depende que sea una luz en el horizonte.
Martina.- Oye ¿Y dónde aprendiste eso del apóstol Pedro y de Tabita y todo eso?
Alfonsina.- ¡Te voy a contar un secreto! Cada semana desde hace algún tiempo, la maestra, la Señorita Magali Curiel viene aquí a la casa y nos ha enseñado a leer y escribir a Jerónimo y a mí. ¡No solo los ricos tienen derecho a saber Martina! ¡También la gente pobre lo tenemos! Nosotros no queremos que nuestra casa sea un refugio para la ignorancia. Sabes, ella nos cuenta historias tomadas de un hermoso Libro, dice ella que del cual hay solo dos, uno está en la iglesia, dice que es en latín y que está sujeto con cadenas para que nadie lo robe, pero que hay otro en “La Hacienda Nueva” y es del Hacendado, dice que ese sí lo podemos leer nosotros y entender, que ahí dice todita la verdad. Jerónimo y yo soñamos con el día en que podamos leerlo y no solo eso, sino tener uno igualito aquí en la casa, pues si es La Palabra de Dios, la escribió para que todos los seres humanos la escuchemos, no solo unos cuantos.
¡Si supieras todos los tesoros que hay en él!
Todavía no termina de hablar, cuando llega Jerónimo a decirle:
Jerónimo.- ¡Alfonsina, tenemos que cuidar a nuestra hija lo más que podamos! ¡Mañana nos iremos a “ La Hacienda Nueva” a vivir y trabajarle al Hacendado, donde iniciaremos una nueva vida¡ Habrá luz nueva, ya lo verás!
Alfonsina.- ¡Cómo tú digas Jerónimo! Dime ¿Encontraste a María de la Luz? ¿Viene contigo?... CONTINUARÁ
Escrito por Francisco Murillo Méndez.
Pueblo antiguo, pueblo rojo, pueblo oscuro de denso humo negro. Ya las calandrias han huido, su canto no se escucha más, el silencio las corrió de golpe, el trotar de los caballos sustituye su canto y la incertidumbre visita cada espacio, cada instante. ¡Cuanta falta hace la Luna! ¡El sol! ¡Cuánto anhelamos toda una luz en el horizonte!
Ha caído la noche, de repente se escuchan gritos por doquier, las personas corren, los niños lloran, las mujeres los abrazan tratando de protegerlos, ocultándolos entre sus rebozos para que no vean el peligro que se aproxima, aunque no lo ven, lo sienten, en el mismo viento que evapora, que quema. Hay angustia por todas partes. Las puertas de las casas son aseguradas con las pesadas trancas, donde detrás de ellas las familias se ocultan, creyendo que están protegidos, seguros de Los Insurgentes, de esta fuerza numerosa, compuesta por igual por muchos soldados traicioneros que han tomado a este pueblo por asalto. Comienzan a atacar a las personas que corren escapando por las calles, atacando a las jóvenes muchachas que despavoridas y horrorizadas ven en los ojos de estos hombres el brillo de la maldad y la insensibilidad. Este ejército al mando de un hombre cobarde comienza a quemar todas las casas que encuentran a su paso, donde en su interior las familias se refugian temerosas. Muchas otras tratan de huir del pueblo, pero son detenidos y llevados como prisioneros al Fuerte de San Gregorio, como a una hora de distancia.
En una casita humilde vive Alfonsina, una mujer de unos 32 años, quien está embarazada y a punto de dar a luz. Quizás por los acontecimientos el parto se le ha adelantado, los dolores son cada vez más intensos. Con ella se encuentra Martina, de medio siglo de vida, partera y familiar suyo, tranquilizándola y a la vez preparándola para el inminente acontecimiento:
Martina.- Alfonsina, ¡Tienes que ser fuerte, tu bebé ya va a nacer! Además la puerta está bien segura, ¡Ya le puse las dos trancas más macizas!
Alfonsina.- Pero, ¡Jerónimo mi esposo anda afuera en el peligro, como quieres que me tranquilice! Los soldados andan causando su ruin desastre por todas partes, ¡Tengo mucho miedo Martina!
Martina.-Si te tranquilizas, ¡todo va a salir bien y pronto tendrás a tu bebé en tus brazos! , de Jerónimo no te preocupes, él se sabrá cuidar, le dicen “Jerónimo el Loco”, capaz que se las ingenia para esconderse de los Insurgentes.
En ese momento se escuchan afuera las voces de los hombres que atacan sin piedad Yurécuaro, el ruido de los relinchidos de los caballos a toda prisa hace que se enchine la piel hasta de la persona más fuerte, la noche y el cielo se tornan de color rojo y naranja luminoso, brillante por las casas frágiles, indefensas que se están quemando, incluso la iglesia del Pueblo arde en llamas. Alfonsina y Martina escuchan cuando uno de los hombres menciona sin tapujos y con ironía:
.-¡Esta casa está muy triste, le falta una chispa de vida!
Y con su antorcha encendida comienza a prenderle fuego, Alfonsina cree no aguantar más, está a punto del alumbramiento.
Afortunadamente, mientras la casa apenas comienza a encenderse llega Jerónimo, el esposo de ella, quien al ver que no tendrán escapatoria decide arriesgar el todo por el todo y gritándoles para que le abran en medio de las crecientes llamas, entra y les dice:
Jerónimo.- ¡Llegó la hora de estrenar el escondite secreto!
Martina.- ¿De qué escondite hablas Jerónimo? ¿Estás realmente loco o qué?
Jerónimo.- No mujer, ¿Te acuerdas cuando me encerré por meses dentro de la casa y decían que estaba luria o ido de la mente? Me puse a escarbar para encontrar un dizque tesoro, aunque no encontré ningún tesoro, pero quedó el boquete tan grande que poco a poco lo fui engrandeciendo hasta que se convirtió en un escondite, el cual hoy vamos a usar y del cual nadie sabe que existe. Ahí bien cabe un petate grande y se puede encender una vela, aunque la luz no se ocupe, sino que es lo que sobra, mientras tú sales de tu apuro, yo voy a apagar por un rato lo que se está quemando afuera, ¡aunque es casi seguro que esos malvados vuelvan y le prendan fuego otra vez!
Jerónimo abre la puerta del gran hoyo que hizo hace ya mucho tiempo, es casi cueva, casi tumba, casi sótano, el refugio secreto que todo mortal de Yurécuaro desea en estos momentos.
Mientras Alfonsina da a luz, en su mente y en su corazón solo hay ahora un pensamiento:
Alfonsina.- ¡Mi sobrina María de la Luz está sola en su casa, sus padres salieron, está en peligro mi muchacha!
Y efectivamente no estaba equivocada. Por la Calle llamada “ Del Olvido”, María de la Luz, una hermosa joven de cabello negro lacio, el cual le llega hasta la cintura, corre al amparo de la noche, temerosa se dirige aprisa a la casa de su abuelo “ el Tata Nacho”, pero entre el miedo y las ansias de llegar pronto hasta él, su mente se detiene a pensar en cómo apenas unos meses atrás, el cielo era todavía azul en el día y estrellado en la noche, no rojo como el Yurécuaro ardiente que ahora ve y siente. Recuerda sus ilusiones, sus esperanzas, porque como todas las jóvenes de su edad, María de la Luz está llena de vida, pues además de hermosa, es alegre y decidida. Firme en sus decisiones y con una cualidad tan admirable, la deseada virtud de la castidad.
Recuerda cuando fue a la orilla del Río Lerma con su prima Isabela, su única amiga, de su edad, cuando se acercaron a sus aguas cristalinas que corren suavemente por el Río:
Isabela.- ¡Déjame refrescarme la cara! ¡El agua está tan fresca y tan rica!
María de la Luz.- ¡Yo quiero beber, tengo sed!
Isabela.- ¡Bebe! ¡Está deliciosa, yo bebería de esta agua toda la vida! Oye María de la Luz ¿No es hermosa la juventud? ¡Siento que estamos entrando a una etapa tan bella!
María de la Luz.- ¿Lo dices por el joven con el que platicas a veces?
Isabela.- Solo ha sido un par de veces, además solo platicamos ¡Nada más!... Bueno, la verdad es que ya tenemos tiempo de vernos y ¡ayer se atrevió a decirme algo que me dejó helada! Se atrevió a pedirme una prueba de mi amor, me dijo. “Si realmente me amas, me lo demostrarías” y yo no supe que decirle.
María de la Luz.- Si a mí me dijeran “Si realmente me amas, me lo demostrarías, yo les contestaría: “Y si tú realmente me amas, no me lo pedirías”. No Isabela, la virginidad de una mujer es algo tan valioso, en ella está envuelta la dignidad y el respeto, ¡es uno de los tesoros más grandes que posee el ser humano, la dignidad”. Cuando realmente se ama, se respeta, no solo el corazón, sino hasta los pensamientos.
¡Mira los alcatraces Isabela, están hermosos!
Isabela.- ¡Cortemos un manojo y llegando a casa los ponemos en el jarrón de barro de la cocina! ¡Y ya vámonos que ya es muy tarde!
¡Qué días aquellos! Ahora María de la Luz corre, cubierta por un rebosa azul marino que no puede ocultar la belleza que protege!, incluso en cuestión de segundos, tiene que arreciar el paso, porque al ver hacia atrás se percata de la presencia de un soldado llamado Antonio Hernández, quién en su caballo, y de manera soberbia e imponente, amenazante, mira a María de la Luz de arriba abajo sin vacilar. Ella le apura, corre más aprisa hacia la casa de su “Tata Nacho” quien debido a su edad y a sus reumas crónica que padece está postrado en cama y no tiene quien lo cuide.
María de la Luz ve como Antonio el soldado cruel al verla parada y tocando la puerta con insistencia, prepara una antorcha para prenderle fuego a la casa de adobe y frágiles vigas de palo, donde descansan los petates que hacen la parte de techo. Ella prefiere entonces seguir corriendo, para impedirlo y frustrar sus malvados planes. Pero descubre también aterrorizada como las calles están completamente vacías y Antonio el Soldado la acorrala con su caballo:
Antonio.- ¡No te vas a escapar de mí nunca!
María de la Luz.- ¿Por qué? ¿Por qué tratar de robar algo que no le pertenece?
Antonio.- Me gustas, eso es todo lo que sé, ¡Mira a tu alrededor, no hay nadie que te pueda ayudar! ¡Nadie!
María de la Luz, está en la plaza del Pueblo ya, tiembla, aterrada, siente frío en medio de tanto olor a fuego, ¡Siente un frío inmenso!, ¡No tiene escapatoria!, ese frío es de injusticia, de rabia, y a la vez de valor, de dignidad. Cierra sus ojos y le pide al Dios Verdadero que le de la paz que supera a todo pensamiento, que solo Él puede dar, la paz que vence al miedo. Al ver a Antonio corre hacia ella con las intenciones más viles y cobardes, ¡ella corre para alejarse de él!
Corre hacia una gran puerta dibujada con lumbre, para recibir el abrazo ardiente de una ola de fuego, y recibe su calma, su calma y paz que la cubre y la refresca, ella vuelve a sentir frío, pero ahora ya no tiembla, ¡Está tan fresca como el agua cristalina que bebió! Y ¡está tan limpia y pura como los alcatraces que cortó y llevó en sus brazos!
En la distancia, Antonio observó a la joven y contempló con terror la escena de cómo ella se perdió en una cortina de color de fuego, y en medio de su insensible corazón, una lagrima, quizás de remordimiento corre por sus ojos.
Una mujer muy valiosa se perdió, se fue, pero otra mujer acaba de nacer. En el escondite secreto de Jerónimo y Alfonsina, ésta se convierte en madre y da a luz una niña,¡ la cual llora tan fuerte, como si quisiera con su llanto apagar el mismo llanto de dolor y de sufrimiento de mucha gente!
Martina.- ¡Ya nació tu niña, Alfonsina!
Alfonsina.- ¡Gracias a Dios Martina! (Llorando de alegría)
Martina.- ¿Ya pensaste cómo se llamará?
Alfonsina.-Sí. Se llamará Tabita, como la mujer que resucitó el apóstol Pedro en una ocasión, le pondré así porque será como si mi niña viviera en un Pueblo que resucitará ¡Porque se va a levantar Yurécuaro, Martina! ¡Tiene que levantarse de los escombros, de las ruinas! Será como un pueblo naciente y de nosotros depende que sea una luz en el horizonte.
Martina.- Oye ¿Y dónde aprendiste eso del apóstol Pedro y de Tabita y todo eso?
Alfonsina.- ¡Te voy a contar un secreto! Cada semana desde hace algún tiempo, la maestra, la Señorita Magali Curiel viene aquí a la casa y nos ha enseñado a leer y escribir a Jerónimo y a mí. ¡No solo los ricos tienen derecho a saber Martina! ¡También la gente pobre lo tenemos! Nosotros no queremos que nuestra casa sea un refugio para la ignorancia. Sabes, ella nos cuenta historias tomadas de un hermoso Libro, dice ella que del cual hay solo dos, uno está en la iglesia, dice que es en latín y que está sujeto con cadenas para que nadie lo robe, pero que hay otro en “La Hacienda Nueva” y es del Hacendado, dice que ese sí lo podemos leer nosotros y entender, que ahí dice todita la verdad. Jerónimo y yo soñamos con el día en que podamos leerlo y no solo eso, sino tener uno igualito aquí en la casa, pues si es La Palabra de Dios, la escribió para que todos los seres humanos la escuchemos, no solo unos cuantos.
¡Si supieras todos los tesoros que hay en él!
Todavía no termina de hablar, cuando llega Jerónimo a decirle:
Jerónimo.- ¡Alfonsina, tenemos que cuidar a nuestra hija lo más que podamos! ¡Mañana nos iremos a “ La Hacienda Nueva” a vivir y trabajarle al Hacendado, donde iniciaremos una nueva vida¡ Habrá luz nueva, ya lo verás!
Alfonsina.- ¡Cómo tú digas Jerónimo! Dime ¿Encontraste a María de la Luz? ¿Viene contigo?... CONTINUARÁ
Escrito por Francisco Murillo Méndez.
domingo, 7 de marzo de 2010
CAPÍTULO FINAL 29: “EL AMOR NUNCA FALLA”
Panteón municipal Yurécuaro Mich:
La tarde, aunque está nublada y serena, anuncia momentos de mucha alegría. Loreta estaba sola, pensativa ante la tumba de su padre, pero don Álvaro ha llegado junto a la abuela Eloísa, la madre de Loreta y le da una noticia maravillosa: sus hermanos Ignacio y Antonieta o Antonia como también le dicen, están ahí después de veinte años de ausencia, de no verse. ¡Ella corre a abrazarlos!
Loreta.- ¡Ignacio! ¡Antonieta! ¡Estoy soñando!
Ignacio.- No, no es un sueño, es realidad Loreta, ¡después de tantos años otra vez juntos!
Antonieta.- ¡Mi querida hermana! Ya no recordaba cómo era tu rostro, solo sabía que eras muy linda. (Se abrazan fuertemente).
Loreta.-Ahora sé que Dios no se queda con nada, en la vida siempre se hace justicia, ¡tarde o temprano recibimos el pago por nuestros esfuerzos, buenos o no, pero siempre los recibimos!
Doña Eloísa, la abuela está muy feliz de tener de nuevo a sus hijos reunidos.
Doña Eloísa.- ¡Otra vez juntos! solo que ahora estamos ante los restos de su padre. Hace más de veinte años éramos una familia normal, como todas, y a la vez como ninguna, éramos como una mazorca de maíz sin desgranarse, como un jardín de flores sin cortarse, ¡Hasta que se desojó la flor y los pétalos volaron hacia todas partes! ¡Qué difícil es volverlos a juntar de nuevo en la flor! Es más incluso cuando su padre resucite, volveremos a estar juntos de nuevo.
Ignacio.- ¡Pero ésta flor está retoñando otra vez, y de aquí en adelante no la dejaremos morir nunca otra vez!
Loreta.- Oigan ¿Jovita se quedó en casa?
Don Álvaro.-Jovita también vino, está con Esther y su prima Violeta, la hija de Ignacio, ambas son de la edad y ¡se parecen tanto!
Loreta.- Lo sé. Ya conocí a Violeta en Morelia, ¡me impresionó también su parecido! Álvaro, estas jóvenes buscan a Jovita, una de ellas es su sobrina, ¡Jovita se sentirá feliz!
Don Álvaro.- Loreta, antes de todo, quiero decirte algo muy importante: Recuerdo que a ti te fascinan las mariposas monarcas ¿no es verdad?
Loreta.- Sí, me fascina verlas volar, sus colores que alegran la vida, su delicadeza, lo mucho que trasmiten la paz, su silencio y a la vez su fuerte mensaje que transmiten de fortaleza y aguante.
Don Álvaro.- Recuerdo que me decías que querías ir a Canadá para ver a tu hijo Benjamín y para visitar los bosques canadienses donde están las mariposas monarcas, sé que lo hacías porque querías descubrir que eran las mismas que se encuentran en nuestro país.
Loreta.- Quería ver con mis propios ojos cómo el mundo aunque parece tan grande, en realidad es pequeño, ver las mariposas en Canadá me ayudaría a verlas como una familia única junto a las de México, sin barreras, porque para ellas no existen las fronteras, ni los muros, ni las visas, ¡no hay obstáculo que les impida volar y ser libres!, no cabe duda que nos enseñan una gran lección.
Don Álvaro.- Lo que te voy a proponer es algo muy especial, si nosotros tenemos el enorme privilegio de vivir en Michoacán, donde se encuentran los bosques donde se hospeda la mariposa monarca ¿ Qué nos impide ir a Angangueo, ese maravilloso pueblo que tanto necesita hoy de nosotros?¡ Mañana nos iremos! Creo que va a ser necesario que rentemos un autobús especial. Ah y te recuerdo, hoy en la noche llega Benjamín tu hijo de Canadá, ¡No lo olvides!
Loreta.- ¡Cómo lo voy a olvidar!
Loreta se encuentra en el panteón a una yurecuarense: María Dolores Hernández, quien es mamá de los jóvenes Nava, que viven en La Ribera y conversa:
Ma. Dolores.- ¡Señora Loreta! Usted siempre tan contenta.
Loreta.-No siempre ha sido así en mi vida, he pasado por tanta soledad y tantos miedos, pero he aprendido que de todos ellos podemos salir, si no confiamos en nuestras propias fuerzas, sino en las de Aquél que nos creó.
Ma. Dolores.- Eso es verdad, pero tenemos que mantener una actitud positiva y de mucha esperanza a pesar de todo. ¡Me dio mucho gusto saludarte!
Loreta.- ¡Igualmente amiga!
Esa noche, sucedieron eventos inolvidables, Jovita se encontró con las jóvenes, una de ellas resultó ser su sobrina, se sentía feliz, también llegó Benjamín, satisfecho de sacar las calificaciones más altas de toda su clase y poner en alto el nombre de Yurécuaro en el extranjero, Esther y Jorge Armando ponen fecha de su Boda, es como si ese día no hubiera existido la palabra tristeza, aunque sea por única ocasión.
Angangueo Michoacán, bosques de la mariposa Monarca:
Este hermoso Pueblo se recupera de una gran tragedia, pero decididamente se vuelve a levantar y a poner de pie, gracias a la cooperación de todos sus habitantes y de todo México.
Refugio de la mariposa Monarca, si el viento tuviera color, sería naranja en éste hermoso lugar parecido al Paraíso. Miles y miles de mariposas vuelan silenciosamente como celebrando la vida, pero a la vez ocasionando un gran bullicio, como las notas de una pieza musical clásica de una gran orquesta. La luz brillante del sol festeja con ellas la alegría y la paz que reinan.
Loreta puede descubrir como algunas mariposas se posan en su propia mano, como si aceptaran su sincera amistad y esa armonía es tan humana, tan real. Los ojos de Loreta se conmueven al ver en uno de sus dedos de su mano, a una mariposa especial, digna, ¡parece tan fuerte, pero en realidad es tan frágil!, es la mariposa de solo una ala, ya que solo tiene la tercera parte de ella, debido tal vez a algún suceso trágico de la vida, como suele suceder en el mundo de los humanos, de esas experiencias que nos hacen sentir después incompletos, tan vacíos, sin ganas de vivir, con un sentimiento de ausencia, de pena, de lástima y de mucho dolor. Pero siempre se puede volver a comenzar, de eso no hay ninguna duda, Loreta piensa en voz alta:
Loreta.- ¡Te admiro mariposa valiente! Porque eres capaz de volar y emprender el largo vuelo, con las fuerzas que Dios te da, y con esas ganas de vivir que tienes, siempre se puede ver que las heridas se van cerrando aunque por fuera nuestros cuerpos se van desgastando día con día, el corazón puede refrescarse y rejuvenecer de nuevo. Te aseguro que desde hoy voy a dedicar mi vida a servir a Dios y a quienes me rodean, porque quiero darle verdadero sentido a mi vida y esperar con esperanza la vida que realmente lo es, y ser un reflejo de la principal cualidad de Dios: el Amor,¡ porque el amor nunca falla, nunca dejará de existir sobre la Tierra!
Esther, Jorge Armando, Jovita, Benjamín, la abuela Eloísa, Ignacio, Antonieta, Violeta y Loreta están ahí, reunidos en la vida con una misión, con un propósito, el mismo que tienes tú, el mismo que tengo yo: el de esforzarnos por ser felices, día a día, a pesar de las adversidades, y a pesar de los obstáculos. ¡Bienvenidos al mejor camino en la vida: El camino del Amor! Donde no hay vacíos, ni ausencias, donde los recuerdos se pueden sentir como nostalgia suave, que no duele, que nunca se va, de regreso del viaje, Loreta se asoma por la ventanilla del autobús y orgullosa ve en la cercanía a Yurécuaro, majestuoso, imponente, nostálgico, su pueblo querido, su nido, el pueblo de su familia, tu familia, donde vives tú, donde vivimos todos y donde queremos vivir, en paz, luchando porque nadie se robe nuestra tranquilidad y nuestra alegría, esa que nunca, nunca se debe ir de nuestras vidas.
F I N
ESCRITA POR FRANCISCO MURILLO MÉNDEZ.
CARTA DE AGRADECIMIENTO.
De: Francisco Murillo Méndez.
Estimados amigos y lectores del periódico “EL CAZADOR DE LA VERDAD”, les agradezco enormemente a cada uno de ustedes, por leer cada capítulo, semana tras semana de esta interesante historia: “LA AUSENCIA QUE NUNCA SE VA”, la cual fue escrita con mucho cariño para ustedes, mi ciudad, mi pueblo de Yurécuaro, pero también para quienes nos leen en otras poblaciones cercas y lejos de aquí en nuestro Estado y en México, incluso recibí noticias emocionantes de cómo muchas personas la leen en Canadá, Estados Unidos, Cuba, España, Venezuela, Argentina, incluso una amiga Yurecuarense que vive en Afganistán y eso solo de lo que tengo conocimiento, sabrá donde más y a qué lugares remotos llega el Periódico a través de Internet.
Esta historia la escribí con la única finalidad de compartir una historia positiva, de esperanza, sin la violencia que caracteriza los medios de comunicación, sin sexo o lenguaje soez, más bien resaltando como los personajes resuelven los problemas dialogando y no en una discusión sin fin. También se resalta el enorme privilegio que tenemos los Yurecuarense de vivir aquí, en nuestro Pueblo o Ciudad, hay mucho de qué presumir, en realidad somos privilegiados, pero principalmente el motivo es dirigir la atención a nuestro Creador quien nos regala la vida, día con día y quiere que valoremos su amistad y que aprendamos de Él, mientras lo siga permitiendo.
Así que gracias a Dios, y un agradecimiento al señor Gustavo Mora y a su esposa Ma. Eugenia Briseño, por darme la oportunidad de compartirla con ustedes por este valioso medio, y gracias a LA CASA DE LA CULTURA y al Gobierno de Michoacán por tener planes importantes en cuanto a ella.
Por último no olvides que a partir de la próxima semana podrás iniciar a leer la nueva e impactante historia “TU LUZ EN MI HORIZONTE” Una historia desarrollada en el Yurécuaro antiguo:
Yurécuaro está en llamas, las familias pobres huyen, una hermosa joven demuestra un ejemplo sobresaliente de virtud, al decidir morir antes de perder su castidad, ante un malvado hombre que desea arrebatarle su honra. Esta joven nunca se imagina que siglos después se seguiría recordando su valor y humildad en el año 2010 y el ejemplo valeroso de otros y otras yurecuarenses.
¡Comienza a leerla desde el primer capítulo!
“TU LUZ EN MI HORIZONTE”
¡Próximamente, en tu periódico!
La tarde, aunque está nublada y serena, anuncia momentos de mucha alegría. Loreta estaba sola, pensativa ante la tumba de su padre, pero don Álvaro ha llegado junto a la abuela Eloísa, la madre de Loreta y le da una noticia maravillosa: sus hermanos Ignacio y Antonieta o Antonia como también le dicen, están ahí después de veinte años de ausencia, de no verse. ¡Ella corre a abrazarlos!
Loreta.- ¡Ignacio! ¡Antonieta! ¡Estoy soñando!
Ignacio.- No, no es un sueño, es realidad Loreta, ¡después de tantos años otra vez juntos!
Antonieta.- ¡Mi querida hermana! Ya no recordaba cómo era tu rostro, solo sabía que eras muy linda. (Se abrazan fuertemente).
Loreta.-Ahora sé que Dios no se queda con nada, en la vida siempre se hace justicia, ¡tarde o temprano recibimos el pago por nuestros esfuerzos, buenos o no, pero siempre los recibimos!
Doña Eloísa, la abuela está muy feliz de tener de nuevo a sus hijos reunidos.
Doña Eloísa.- ¡Otra vez juntos! solo que ahora estamos ante los restos de su padre. Hace más de veinte años éramos una familia normal, como todas, y a la vez como ninguna, éramos como una mazorca de maíz sin desgranarse, como un jardín de flores sin cortarse, ¡Hasta que se desojó la flor y los pétalos volaron hacia todas partes! ¡Qué difícil es volverlos a juntar de nuevo en la flor! Es más incluso cuando su padre resucite, volveremos a estar juntos de nuevo.
Ignacio.- ¡Pero ésta flor está retoñando otra vez, y de aquí en adelante no la dejaremos morir nunca otra vez!
Loreta.- Oigan ¿Jovita se quedó en casa?
Don Álvaro.-Jovita también vino, está con Esther y su prima Violeta, la hija de Ignacio, ambas son de la edad y ¡se parecen tanto!
Loreta.- Lo sé. Ya conocí a Violeta en Morelia, ¡me impresionó también su parecido! Álvaro, estas jóvenes buscan a Jovita, una de ellas es su sobrina, ¡Jovita se sentirá feliz!
Don Álvaro.- Loreta, antes de todo, quiero decirte algo muy importante: Recuerdo que a ti te fascinan las mariposas monarcas ¿no es verdad?
Loreta.- Sí, me fascina verlas volar, sus colores que alegran la vida, su delicadeza, lo mucho que trasmiten la paz, su silencio y a la vez su fuerte mensaje que transmiten de fortaleza y aguante.
Don Álvaro.- Recuerdo que me decías que querías ir a Canadá para ver a tu hijo Benjamín y para visitar los bosques canadienses donde están las mariposas monarcas, sé que lo hacías porque querías descubrir que eran las mismas que se encuentran en nuestro país.
Loreta.- Quería ver con mis propios ojos cómo el mundo aunque parece tan grande, en realidad es pequeño, ver las mariposas en Canadá me ayudaría a verlas como una familia única junto a las de México, sin barreras, porque para ellas no existen las fronteras, ni los muros, ni las visas, ¡no hay obstáculo que les impida volar y ser libres!, no cabe duda que nos enseñan una gran lección.
Don Álvaro.- Lo que te voy a proponer es algo muy especial, si nosotros tenemos el enorme privilegio de vivir en Michoacán, donde se encuentran los bosques donde se hospeda la mariposa monarca ¿ Qué nos impide ir a Angangueo, ese maravilloso pueblo que tanto necesita hoy de nosotros?¡ Mañana nos iremos! Creo que va a ser necesario que rentemos un autobús especial. Ah y te recuerdo, hoy en la noche llega Benjamín tu hijo de Canadá, ¡No lo olvides!
Loreta.- ¡Cómo lo voy a olvidar!
Loreta se encuentra en el panteón a una yurecuarense: María Dolores Hernández, quien es mamá de los jóvenes Nava, que viven en La Ribera y conversa:
Ma. Dolores.- ¡Señora Loreta! Usted siempre tan contenta.
Loreta.-No siempre ha sido así en mi vida, he pasado por tanta soledad y tantos miedos, pero he aprendido que de todos ellos podemos salir, si no confiamos en nuestras propias fuerzas, sino en las de Aquél que nos creó.
Ma. Dolores.- Eso es verdad, pero tenemos que mantener una actitud positiva y de mucha esperanza a pesar de todo. ¡Me dio mucho gusto saludarte!
Loreta.- ¡Igualmente amiga!
Esa noche, sucedieron eventos inolvidables, Jovita se encontró con las jóvenes, una de ellas resultó ser su sobrina, se sentía feliz, también llegó Benjamín, satisfecho de sacar las calificaciones más altas de toda su clase y poner en alto el nombre de Yurécuaro en el extranjero, Esther y Jorge Armando ponen fecha de su Boda, es como si ese día no hubiera existido la palabra tristeza, aunque sea por única ocasión.
Angangueo Michoacán, bosques de la mariposa Monarca:
Este hermoso Pueblo se recupera de una gran tragedia, pero decididamente se vuelve a levantar y a poner de pie, gracias a la cooperación de todos sus habitantes y de todo México.
Refugio de la mariposa Monarca, si el viento tuviera color, sería naranja en éste hermoso lugar parecido al Paraíso. Miles y miles de mariposas vuelan silenciosamente como celebrando la vida, pero a la vez ocasionando un gran bullicio, como las notas de una pieza musical clásica de una gran orquesta. La luz brillante del sol festeja con ellas la alegría y la paz que reinan.
Loreta puede descubrir como algunas mariposas se posan en su propia mano, como si aceptaran su sincera amistad y esa armonía es tan humana, tan real. Los ojos de Loreta se conmueven al ver en uno de sus dedos de su mano, a una mariposa especial, digna, ¡parece tan fuerte, pero en realidad es tan frágil!, es la mariposa de solo una ala, ya que solo tiene la tercera parte de ella, debido tal vez a algún suceso trágico de la vida, como suele suceder en el mundo de los humanos, de esas experiencias que nos hacen sentir después incompletos, tan vacíos, sin ganas de vivir, con un sentimiento de ausencia, de pena, de lástima y de mucho dolor. Pero siempre se puede volver a comenzar, de eso no hay ninguna duda, Loreta piensa en voz alta:
Loreta.- ¡Te admiro mariposa valiente! Porque eres capaz de volar y emprender el largo vuelo, con las fuerzas que Dios te da, y con esas ganas de vivir que tienes, siempre se puede ver que las heridas se van cerrando aunque por fuera nuestros cuerpos se van desgastando día con día, el corazón puede refrescarse y rejuvenecer de nuevo. Te aseguro que desde hoy voy a dedicar mi vida a servir a Dios y a quienes me rodean, porque quiero darle verdadero sentido a mi vida y esperar con esperanza la vida que realmente lo es, y ser un reflejo de la principal cualidad de Dios: el Amor,¡ porque el amor nunca falla, nunca dejará de existir sobre la Tierra!
Esther, Jorge Armando, Jovita, Benjamín, la abuela Eloísa, Ignacio, Antonieta, Violeta y Loreta están ahí, reunidos en la vida con una misión, con un propósito, el mismo que tienes tú, el mismo que tengo yo: el de esforzarnos por ser felices, día a día, a pesar de las adversidades, y a pesar de los obstáculos. ¡Bienvenidos al mejor camino en la vida: El camino del Amor! Donde no hay vacíos, ni ausencias, donde los recuerdos se pueden sentir como nostalgia suave, que no duele, que nunca se va, de regreso del viaje, Loreta se asoma por la ventanilla del autobús y orgullosa ve en la cercanía a Yurécuaro, majestuoso, imponente, nostálgico, su pueblo querido, su nido, el pueblo de su familia, tu familia, donde vives tú, donde vivimos todos y donde queremos vivir, en paz, luchando porque nadie se robe nuestra tranquilidad y nuestra alegría, esa que nunca, nunca se debe ir de nuestras vidas.
F I N
ESCRITA POR FRANCISCO MURILLO MÉNDEZ.
CARTA DE AGRADECIMIENTO.
De: Francisco Murillo Méndez.
Estimados amigos y lectores del periódico “EL CAZADOR DE LA VERDAD”, les agradezco enormemente a cada uno de ustedes, por leer cada capítulo, semana tras semana de esta interesante historia: “LA AUSENCIA QUE NUNCA SE VA”, la cual fue escrita con mucho cariño para ustedes, mi ciudad, mi pueblo de Yurécuaro, pero también para quienes nos leen en otras poblaciones cercas y lejos de aquí en nuestro Estado y en México, incluso recibí noticias emocionantes de cómo muchas personas la leen en Canadá, Estados Unidos, Cuba, España, Venezuela, Argentina, incluso una amiga Yurecuarense que vive en Afganistán y eso solo de lo que tengo conocimiento, sabrá donde más y a qué lugares remotos llega el Periódico a través de Internet.
Esta historia la escribí con la única finalidad de compartir una historia positiva, de esperanza, sin la violencia que caracteriza los medios de comunicación, sin sexo o lenguaje soez, más bien resaltando como los personajes resuelven los problemas dialogando y no en una discusión sin fin. También se resalta el enorme privilegio que tenemos los Yurecuarense de vivir aquí, en nuestro Pueblo o Ciudad, hay mucho de qué presumir, en realidad somos privilegiados, pero principalmente el motivo es dirigir la atención a nuestro Creador quien nos regala la vida, día con día y quiere que valoremos su amistad y que aprendamos de Él, mientras lo siga permitiendo.
Así que gracias a Dios, y un agradecimiento al señor Gustavo Mora y a su esposa Ma. Eugenia Briseño, por darme la oportunidad de compartirla con ustedes por este valioso medio, y gracias a LA CASA DE LA CULTURA y al Gobierno de Michoacán por tener planes importantes en cuanto a ella.
Por último no olvides que a partir de la próxima semana podrás iniciar a leer la nueva e impactante historia “TU LUZ EN MI HORIZONTE” Una historia desarrollada en el Yurécuaro antiguo:
Yurécuaro está en llamas, las familias pobres huyen, una hermosa joven demuestra un ejemplo sobresaliente de virtud, al decidir morir antes de perder su castidad, ante un malvado hombre que desea arrebatarle su honra. Esta joven nunca se imagina que siglos después se seguiría recordando su valor y humildad en el año 2010 y el ejemplo valeroso de otros y otras yurecuarenses.
¡Comienza a leerla desde el primer capítulo!
“TU LUZ EN MI HORIZONTE”
¡Próximamente, en tu periódico!
domingo, 28 de febrero de 2010
CAPÍTULO 28: SOLO LA AUSENCIA ENTRE TÚ Y YO.
“CASA LUNA” YURECUARO MICH.
En la hermosa CASALUNA que se encuentra situada a la orilla del Río Lerma, en la terraza con una hermosa vista de noche, que despeja la mente, se encuentran Loreta y don Álvaro conversando tranquilamente, como lo necesitan hacer todos los esposos que saben enfrentar las dificultades que se presenten, sean grandes o pequeñas, cortas o muy largas, ellos, ellos ponen de su parte sabiendo que su labor no es en vano. Ellos saben que solo se resolverán con la ayuda valiosa del respeto y la comunicación. La noche ha caído ya, así que se encienden unas velas, pero de repente ven una balsa en la oscuridad del Río, son varios hombres los que se encuentran en ella, Loreta se asusta, don Álvaro la tranquiliza:
Don Álvaro.- ¡No te asustes Loreta! Esos hombres sospechosos no traen armas, sino guitarras y canciones, así que tranquilízate y comienza a escucharlas que son dedicadas para ti.
Loreta.- Álvaro, me asustas, sabes que mis sentimientos están a flor de piel en todo momento, igual y siento ganas de llorar.
Don Álvaro.- ¡Llora si así lo deseas! Nunca te prives de mostrar tus sentimientos, mira es un trío “Los Ángeles reales” y espero que te guste mucho esta serenata.
Se comienza a escuchar la canción “Cien años” “Pasaste a mi lado, con gran indiferencia, tus ojos ni siquiera voltearon hacia mí… ““Y sin embargo sigues, unida a mi existencia y si vivo cien años, cien años pienso en ti…
Loreta.- ¡Nunca dejas de sorprenderme Álvaro!
Don Álvaro.- Es la vida la que siempre nos sorprende, día con día.
Loreta.- A veces me siento culpable, ¡Ahora me siento muy feliz y en cambio otras personas están pasando por situaciones muy trágicas!
Don Álvaro.- Cuando otras personas ríen, tu en cambio estás llorando ¿También te sientes culpable ahí Loreta?
Loreta.- Es que la situación de la violencia se está saliendo fuera de control, y es en todas partes ¡Me atemoriza mucho! ¡Todos tenemos derecho a vivir sin miedo!
Don Álvaro.- ¿Aún así quieres vivir en Yurécuaro?
Loreta.- Sí. El cáncer de la violencia y la maldad está en todas partes, pero también en todas partes hay refugios y muchas veces no los vemos o ¡no queremos verlos!
Don Álvaro.- ¿Refugios? ¿De qué hablas?
Loreta.- De lugares a los que podemos acudir para aprender a protegernos, en nuestras manos está gran parte de la ayuda que necesitamos para vivir con una conciencia tranquila y alertas, protegidos.
Don Álvaro.- ¡No te entiendo!
Loreta.- ¡Mira!, en tiempos antiguos, la Tierra se llenó de violencia, incluso los niños eran malos, groseros, sin inocencia, violentos, tal y como lo son muchos en el día de hoy, algo tan similar, así que no había esperanza, solo Noé y su familia eran diferentes, ellos odiaban la violencia y merecían ser protegidos cuando Dios pudiera orden y construyeron un Arca, pero para ello necesitaban seguir las instrucciones o mandatos que Dios les daba, eso les ayudaría a protegerse de la violencia y de algo mucho más importante, de morir ahogados en el Diluvio que se aproximaba. Ellos fueron obedientes, entraron al Arca y la historia final ya todos la conocemos, ellos salvaron su vida y ¿Qué sucedió con todas aquellas personas malvadas de sus días?
Don Álvaro.- ¡Murieron en el Diluvio! No quedó nadie, excepto Noé y su familia. Pero ahora en nuestros días ¿Dónde están los refugios o el Arca simbólica?
Loreta.- El Arca simbólica representan los lugares donde se aprende de Dios y de lo que Él exige de nosotros, así que necesitamos investigar y encontrar ese lugar, en Yurécuaro existe y es un lugar muy especial,¡ me gustaría tanto poder ir contigo y nuestras familias!
Don Álvaro.- Todo sacrificio y esfuerzo que hagamos por nuestras familias siempre valdrá la pena, es lo más importante y el tesoro más valioso. Loreta, platicar contigo es un placer y creo que nunca me canso de hacerlo, ni lo voy a hacer, ¡Sigamos escuchando la música! ¡Síganle muchachos!
¡Es una noche tan especial! Se deben valorar esos momentos de felicidad, pues aunque a menudo son cortos, existen, todos los hemos experimentado muchas veces y es lo que da sentido a nuestras vidas.
En Casa de Loreta, se encuentran Esther y Jovita en el cuarto de costura, es una salita donde ellas pueden tejer, bordar o remendar las prendas de vestir, y entre telas, madejas de hilos de acrilán, hilo cristal y de punto de cruz, entre botones, tijeras y agujas, ellas pueden diseñar hasta su propia ropa, ahí conversan:
Jovita.- ¡La verdad ese mantel de punto de cruz que estás haciendo te va a quedar hermoso Esther!
Esther.- Lo que necesito es paciencia, me falta casi la mitad. Oye Jovita, ahora que estuvimos en la Cd. De México, en la Casa en la que vivimos tantos años ¡me sentí tan rara! Creo que Yurécuaro ya forma parte de mi vida, ¡Es muy importante para mí vivir aquí!
Jovita.- Es porque aquí conociste a la persona de la cuál te enamoraste: Jorge Armando, eso marcó tu vida para siempre.
Esther.- ¡Tienes razón! ¡Lo extrañé tanto ahora que estuvimos en Canadá! ¡Él es una persona muy respetuosa y especial!, a propósito Jovita, me duele mucho el hecho de ver a mamá tan triste, no disfrutó nada su viaje a Canadá, se la pasó encerrada y a veces se le notaba en sus ojos que lloraba a solas.
Jovita.- Siento que las diferencias que tuvo con don Álvaro le afectaron mucho, para ella es muy difícil enfrentar sus miedos y sus temores, se necesita mucha paciencia y comprensión de parte de todos nosotros.
Esther.- Sabes, mamá iba a Canadá por dos cosas: primero porque anhelaba con todo su corazón ver a Benjamín, y estar con él, y segundo porque deseaba ir a ver las mariposas monarcas que están allá en Canadá, ella está fascinada con las mariposas, dice que ha aprendido mucho de ellas.
Jovita.- Loreta es muy fuerte, seguro que va a encontrar la solución a los retos que enfrenta si la apoyamos y cumplirá sus sueños, ¡Ya lo verás!
Esther.- Jovita ¿Y cuál es el sueño tuyo? ¿Cuál es tu anhelo?
Jovita.- Seguir contando siempre con una familia, siempre estar con ustedes y apoyarlos, solo les pido un poco de amor para esta pobre vieja enferma, y yo seré feliz.
Esther.- ¡Nuestro amor lo tienes y siempre lo vas a tener! ¡Tú eres una luz brillante y un consuelo para todos nosotros nana Jovita! ¡Te queremos mucho!
Esther y Jovita se abrazan con tanto cariño, ese es el amor que escasea tanto en el mundo y sin embargo ahí está, esperando ser cultivado por todos nosotros.
PASAN ALGUNAS SEMANAS:
Es sábado, llueve en Yurécuaro nuevamente. Es una lluvia que empapa las calles, pero también moja el corazón, refresca los sentidos, adormece y tranquiliza. Las personas pasan con sus paraguas e impermeables como queriendo huir de la lluvia y de tantas cosas en la vida.
Y ahí estoy yo: Francisco Murillo Méndez, escritor, me dirijo al kiosco de la plaza de Yurécuaro donde tengo una cita muy especial, una cita que se ha venido repitiendo, sábado a sábado, semana tras semana desde hace seis meses. Mi cita es con una mujer tan especial, se llama Loreta Díaz y ahí está ella, con su sombrilla y un poco de frío, se cobija con un chal muy calientito, sonríe, nos sentamos en el primer escalón de arriba, en el kiosco:
Loreta.- ¿Llegué puntual a nuestra cita?
Francisco.- Sí Tía Loreta, yo también acabo de llegar apenas. ¿Cómo está el Tío Álvaro?
Loreta.- ¡Muy bien! Ahora está en una reunión agraria de campesinos de Yurécuaro. Francisco ¡Muchas gracias por escucharme cada semana que vengo a platicarte lo que me sucede en mi vida! Me ha ayudado mucho poco a poco ir sacando mis emociones, mis sentimientos, mis temores, tantos miedos encerrados en mí. Solo te pido un gran favor, de verdad, esto que te cuento necesito que quede solo entre nosotros. ¡Nadie, absolutamente nadie debe enterarse de ello!
Francisco.- ¿Nadie, nadie? Creo que… ya fallé Tía.
Loreta.- ¿Hay alguien más que sabe acerca de mi vida?
Francisco.- Sí Tía, la verdad sí.
Loreta comienza a reírse, sabe que fue ella misma quién me pidió que escribiera sus relatos y su historia y que la publicara en el periódico más importante de la Región:
Loreta.- ¡Muchas gracias por publicar en el periódico mi vida! Yo te lo pedí de favor y has cumplido. ¡Ojalá sirva para que muchas personas sepan que aunque suframos traumáticas experiencias, siempre hay una luz en el Horizonte!
Francisco.- Yo lo he hecho con mucho gusto Tía, lo sabes, oye, se ve que tu rostro refleja tanta alegría, algo que hace meses estaba tan lejano de ti.
Loreta.- Mi vida era tan callada, se me hacía tan difícil sonreír. Siempre la sombra de la muerte me ha perseguido, y en realidad es una sombra, que al pasar las horas se va desvaneciendo, hasta que se va. Sabes, ya no le tengo miedo a la muerte, sé que sus días están contados.
Francisco.- Sé que te irás a vivir fuera de Yurécuaro por un tiempo ¿Es verdad?
Loreta.- SÍ. Me voy pero siempre regresaré, porque aquí están mis raíces, mi origen, sabes ¡Voy a extrañar tanto mis conversaciones en silencio contigo y mis pláticas en voz también, sabes que eres mi sobrino preferido y ¡ Te quiero mucho!
Francisco.- ¡Yo también te quiero mucho Tía!
Loreta.-Francisco, siempre utiliza tu pluma para escribir cosas edificantes por favor, siempre anima, levanta, crea conciencia, y ten el valor para hablar siempre de la verdad que muchos quieren esconder, pero sobre todo comparte lo que has aprendido para ayudar y servir a los demás. ¡Me voy! Tengo una cita con mi conciencia.
Loreta se va, tranquila, serena, tan fuerte y débil a la vez, se dirige al lugar menos pensado, el cementerio, va a la tumba de su padre:
Loreta.-¡Otra vez me encuentro aquí! Visitando esta tumba muerta, sin voz.¡ Como desearía poder revivirte papá! Pero yo no puedo, ni platicar contigo porque no me escuchas, ni puedes escucharme, solo vengo porque quiero meditar en el valor de la vida, tengo oxígeno en mis pulmones, vivo, respiro, siento. ¡Tengo que disfrutar de todo lo que haga!
De repente llegan tres jóvenes, son unas muchachas llamadas: Dámaris García Hernández, Ma. Elena Ortega Larios y Gabriela Lomelí Lomelí, ellas también necesitan alguien con quien platicar:
Dámaris.- ¿Cómo está Señora?
Loreta.- Aquí, caminando entre tumbas y respirando recuerdos, ¡estoy bien! ¿ Y ustedes?
Ma. Elena.-¡ También bien! Solo que mi compañera Gaby, dice que usted se parece mucho a una persona a quien ella quiere mucho y no ha visto en mucho tiempo.
Gaby.- Esa persona con quien la confundo a usted, vivía en la Cd. De México, mi Tía Jovita vivía en su casa y era el ama de llaves, se llamaba Loreta Díaz, yo anhelo encontrar de nuevo a mi Tía Jovita para que sepa que hay familiares suyos que la estamos esperando.
Loreta.- Pues no me confundes, yo soy Loreta Díaz y te voy a llevar con Jovita para que la abraces y le digas cuanto la quieres.
En eso llega don Álvaro:
Don Álvaro.- Loreta, cierra los ojos , alguien quiere verte y aquí están ellos.
Loreta.- ¿Quiénes son ellos?
Don Álvaro.- ¡Tu hermano Ignacio y tu hermana Antonieta están aquí!
Loreta.- ¿ Mis hermanos?...¿ A quienes tengo más de veinte años sin verlos?.
CONTINUARÁ… novela escrita por FRANCISCO MURILLO MÉNDEZ.
En la hermosa CASALUNA que se encuentra situada a la orilla del Río Lerma, en la terraza con una hermosa vista de noche, que despeja la mente, se encuentran Loreta y don Álvaro conversando tranquilamente, como lo necesitan hacer todos los esposos que saben enfrentar las dificultades que se presenten, sean grandes o pequeñas, cortas o muy largas, ellos, ellos ponen de su parte sabiendo que su labor no es en vano. Ellos saben que solo se resolverán con la ayuda valiosa del respeto y la comunicación. La noche ha caído ya, así que se encienden unas velas, pero de repente ven una balsa en la oscuridad del Río, son varios hombres los que se encuentran en ella, Loreta se asusta, don Álvaro la tranquiliza:
Don Álvaro.- ¡No te asustes Loreta! Esos hombres sospechosos no traen armas, sino guitarras y canciones, así que tranquilízate y comienza a escucharlas que son dedicadas para ti.
Loreta.- Álvaro, me asustas, sabes que mis sentimientos están a flor de piel en todo momento, igual y siento ganas de llorar.
Don Álvaro.- ¡Llora si así lo deseas! Nunca te prives de mostrar tus sentimientos, mira es un trío “Los Ángeles reales” y espero que te guste mucho esta serenata.
Se comienza a escuchar la canción “Cien años” “Pasaste a mi lado, con gran indiferencia, tus ojos ni siquiera voltearon hacia mí… ““Y sin embargo sigues, unida a mi existencia y si vivo cien años, cien años pienso en ti…
Loreta.- ¡Nunca dejas de sorprenderme Álvaro!
Don Álvaro.- Es la vida la que siempre nos sorprende, día con día.
Loreta.- A veces me siento culpable, ¡Ahora me siento muy feliz y en cambio otras personas están pasando por situaciones muy trágicas!
Don Álvaro.- Cuando otras personas ríen, tu en cambio estás llorando ¿También te sientes culpable ahí Loreta?
Loreta.- Es que la situación de la violencia se está saliendo fuera de control, y es en todas partes ¡Me atemoriza mucho! ¡Todos tenemos derecho a vivir sin miedo!
Don Álvaro.- ¿Aún así quieres vivir en Yurécuaro?
Loreta.- Sí. El cáncer de la violencia y la maldad está en todas partes, pero también en todas partes hay refugios y muchas veces no los vemos o ¡no queremos verlos!
Don Álvaro.- ¿Refugios? ¿De qué hablas?
Loreta.- De lugares a los que podemos acudir para aprender a protegernos, en nuestras manos está gran parte de la ayuda que necesitamos para vivir con una conciencia tranquila y alertas, protegidos.
Don Álvaro.- ¡No te entiendo!
Loreta.- ¡Mira!, en tiempos antiguos, la Tierra se llenó de violencia, incluso los niños eran malos, groseros, sin inocencia, violentos, tal y como lo son muchos en el día de hoy, algo tan similar, así que no había esperanza, solo Noé y su familia eran diferentes, ellos odiaban la violencia y merecían ser protegidos cuando Dios pudiera orden y construyeron un Arca, pero para ello necesitaban seguir las instrucciones o mandatos que Dios les daba, eso les ayudaría a protegerse de la violencia y de algo mucho más importante, de morir ahogados en el Diluvio que se aproximaba. Ellos fueron obedientes, entraron al Arca y la historia final ya todos la conocemos, ellos salvaron su vida y ¿Qué sucedió con todas aquellas personas malvadas de sus días?
Don Álvaro.- ¡Murieron en el Diluvio! No quedó nadie, excepto Noé y su familia. Pero ahora en nuestros días ¿Dónde están los refugios o el Arca simbólica?
Loreta.- El Arca simbólica representan los lugares donde se aprende de Dios y de lo que Él exige de nosotros, así que necesitamos investigar y encontrar ese lugar, en Yurécuaro existe y es un lugar muy especial,¡ me gustaría tanto poder ir contigo y nuestras familias!
Don Álvaro.- Todo sacrificio y esfuerzo que hagamos por nuestras familias siempre valdrá la pena, es lo más importante y el tesoro más valioso. Loreta, platicar contigo es un placer y creo que nunca me canso de hacerlo, ni lo voy a hacer, ¡Sigamos escuchando la música! ¡Síganle muchachos!
¡Es una noche tan especial! Se deben valorar esos momentos de felicidad, pues aunque a menudo son cortos, existen, todos los hemos experimentado muchas veces y es lo que da sentido a nuestras vidas.
En Casa de Loreta, se encuentran Esther y Jovita en el cuarto de costura, es una salita donde ellas pueden tejer, bordar o remendar las prendas de vestir, y entre telas, madejas de hilos de acrilán, hilo cristal y de punto de cruz, entre botones, tijeras y agujas, ellas pueden diseñar hasta su propia ropa, ahí conversan:
Jovita.- ¡La verdad ese mantel de punto de cruz que estás haciendo te va a quedar hermoso Esther!
Esther.- Lo que necesito es paciencia, me falta casi la mitad. Oye Jovita, ahora que estuvimos en la Cd. De México, en la Casa en la que vivimos tantos años ¡me sentí tan rara! Creo que Yurécuaro ya forma parte de mi vida, ¡Es muy importante para mí vivir aquí!
Jovita.- Es porque aquí conociste a la persona de la cuál te enamoraste: Jorge Armando, eso marcó tu vida para siempre.
Esther.- ¡Tienes razón! ¡Lo extrañé tanto ahora que estuvimos en Canadá! ¡Él es una persona muy respetuosa y especial!, a propósito Jovita, me duele mucho el hecho de ver a mamá tan triste, no disfrutó nada su viaje a Canadá, se la pasó encerrada y a veces se le notaba en sus ojos que lloraba a solas.
Jovita.- Siento que las diferencias que tuvo con don Álvaro le afectaron mucho, para ella es muy difícil enfrentar sus miedos y sus temores, se necesita mucha paciencia y comprensión de parte de todos nosotros.
Esther.- Sabes, mamá iba a Canadá por dos cosas: primero porque anhelaba con todo su corazón ver a Benjamín, y estar con él, y segundo porque deseaba ir a ver las mariposas monarcas que están allá en Canadá, ella está fascinada con las mariposas, dice que ha aprendido mucho de ellas.
Jovita.- Loreta es muy fuerte, seguro que va a encontrar la solución a los retos que enfrenta si la apoyamos y cumplirá sus sueños, ¡Ya lo verás!
Esther.- Jovita ¿Y cuál es el sueño tuyo? ¿Cuál es tu anhelo?
Jovita.- Seguir contando siempre con una familia, siempre estar con ustedes y apoyarlos, solo les pido un poco de amor para esta pobre vieja enferma, y yo seré feliz.
Esther.- ¡Nuestro amor lo tienes y siempre lo vas a tener! ¡Tú eres una luz brillante y un consuelo para todos nosotros nana Jovita! ¡Te queremos mucho!
Esther y Jovita se abrazan con tanto cariño, ese es el amor que escasea tanto en el mundo y sin embargo ahí está, esperando ser cultivado por todos nosotros.
PASAN ALGUNAS SEMANAS:
Es sábado, llueve en Yurécuaro nuevamente. Es una lluvia que empapa las calles, pero también moja el corazón, refresca los sentidos, adormece y tranquiliza. Las personas pasan con sus paraguas e impermeables como queriendo huir de la lluvia y de tantas cosas en la vida.
Y ahí estoy yo: Francisco Murillo Méndez, escritor, me dirijo al kiosco de la plaza de Yurécuaro donde tengo una cita muy especial, una cita que se ha venido repitiendo, sábado a sábado, semana tras semana desde hace seis meses. Mi cita es con una mujer tan especial, se llama Loreta Díaz y ahí está ella, con su sombrilla y un poco de frío, se cobija con un chal muy calientito, sonríe, nos sentamos en el primer escalón de arriba, en el kiosco:
Loreta.- ¿Llegué puntual a nuestra cita?
Francisco.- Sí Tía Loreta, yo también acabo de llegar apenas. ¿Cómo está el Tío Álvaro?
Loreta.- ¡Muy bien! Ahora está en una reunión agraria de campesinos de Yurécuaro. Francisco ¡Muchas gracias por escucharme cada semana que vengo a platicarte lo que me sucede en mi vida! Me ha ayudado mucho poco a poco ir sacando mis emociones, mis sentimientos, mis temores, tantos miedos encerrados en mí. Solo te pido un gran favor, de verdad, esto que te cuento necesito que quede solo entre nosotros. ¡Nadie, absolutamente nadie debe enterarse de ello!
Francisco.- ¿Nadie, nadie? Creo que… ya fallé Tía.
Loreta.- ¿Hay alguien más que sabe acerca de mi vida?
Francisco.- Sí Tía, la verdad sí.
Loreta comienza a reírse, sabe que fue ella misma quién me pidió que escribiera sus relatos y su historia y que la publicara en el periódico más importante de la Región:
Loreta.- ¡Muchas gracias por publicar en el periódico mi vida! Yo te lo pedí de favor y has cumplido. ¡Ojalá sirva para que muchas personas sepan que aunque suframos traumáticas experiencias, siempre hay una luz en el Horizonte!
Francisco.- Yo lo he hecho con mucho gusto Tía, lo sabes, oye, se ve que tu rostro refleja tanta alegría, algo que hace meses estaba tan lejano de ti.
Loreta.- Mi vida era tan callada, se me hacía tan difícil sonreír. Siempre la sombra de la muerte me ha perseguido, y en realidad es una sombra, que al pasar las horas se va desvaneciendo, hasta que se va. Sabes, ya no le tengo miedo a la muerte, sé que sus días están contados.
Francisco.- Sé que te irás a vivir fuera de Yurécuaro por un tiempo ¿Es verdad?
Loreta.- SÍ. Me voy pero siempre regresaré, porque aquí están mis raíces, mi origen, sabes ¡Voy a extrañar tanto mis conversaciones en silencio contigo y mis pláticas en voz también, sabes que eres mi sobrino preferido y ¡ Te quiero mucho!
Francisco.- ¡Yo también te quiero mucho Tía!
Loreta.-Francisco, siempre utiliza tu pluma para escribir cosas edificantes por favor, siempre anima, levanta, crea conciencia, y ten el valor para hablar siempre de la verdad que muchos quieren esconder, pero sobre todo comparte lo que has aprendido para ayudar y servir a los demás. ¡Me voy! Tengo una cita con mi conciencia.
Loreta se va, tranquila, serena, tan fuerte y débil a la vez, se dirige al lugar menos pensado, el cementerio, va a la tumba de su padre:
Loreta.-¡Otra vez me encuentro aquí! Visitando esta tumba muerta, sin voz.¡ Como desearía poder revivirte papá! Pero yo no puedo, ni platicar contigo porque no me escuchas, ni puedes escucharme, solo vengo porque quiero meditar en el valor de la vida, tengo oxígeno en mis pulmones, vivo, respiro, siento. ¡Tengo que disfrutar de todo lo que haga!
De repente llegan tres jóvenes, son unas muchachas llamadas: Dámaris García Hernández, Ma. Elena Ortega Larios y Gabriela Lomelí Lomelí, ellas también necesitan alguien con quien platicar:
Dámaris.- ¿Cómo está Señora?
Loreta.- Aquí, caminando entre tumbas y respirando recuerdos, ¡estoy bien! ¿ Y ustedes?
Ma. Elena.-¡ También bien! Solo que mi compañera Gaby, dice que usted se parece mucho a una persona a quien ella quiere mucho y no ha visto en mucho tiempo.
Gaby.- Esa persona con quien la confundo a usted, vivía en la Cd. De México, mi Tía Jovita vivía en su casa y era el ama de llaves, se llamaba Loreta Díaz, yo anhelo encontrar de nuevo a mi Tía Jovita para que sepa que hay familiares suyos que la estamos esperando.
Loreta.- Pues no me confundes, yo soy Loreta Díaz y te voy a llevar con Jovita para que la abraces y le digas cuanto la quieres.
En eso llega don Álvaro:
Don Álvaro.- Loreta, cierra los ojos , alguien quiere verte y aquí están ellos.
Loreta.- ¿Quiénes son ellos?
Don Álvaro.- ¡Tu hermano Ignacio y tu hermana Antonieta están aquí!
Loreta.- ¿ Mis hermanos?...¿ A quienes tengo más de veinte años sin verlos?.
CONTINUARÁ… novela escrita por FRANCISCO MURILLO MÉNDEZ.
domingo, 21 de febrero de 2010
CAPITULO 27 ¡ COMO DUELE DEJARTE IR !
Lluvias incesantes, copiosas durante varios días bañan a Yurécuaro, así como a gran parte del estado y del país, pero como si de un lugar protegido se tratara, uno se siente seguro en este pueblo, pues pareciera que las catástrofes naturales, los terremotos y hasta las epidemias las viéramos de lejecitos, claro que es mentira, pues nadie, ningún pueblo es inmune a los sucesos inesperados que azotan tantos lugares de la Tierra, y causan dolor y sufrimiento. Pero esa sensación de que aquí no pasa nada, es muy atractiva. Quizás eso lo sabe muy bien Loreta quien se enfrenta a la pregunta de si debe dejar Yurécuaro. ¡Qué difícil dilema para Loreta, quien tuvo que dejar su amado pueblo por mas de veinte años y cuando por fin logra regresar, con la intención de quedarse para siempre, se enfrenta a la dura decisión de volverlo a dejar. Para ella no es nada, nada fácil:
Loreta.- ¡Álvaro me pones entre la espada y la pared! Me pides algo tan fuerte, sé que parezco que exagero, pero compréndeme, me dolió dejar Yurécuaro hace más de veinte años.
Don Álvaro.- Es que no te puedes aferrar a un solo lugar, debes aprender a vivir en Yurécuaro, en Morelia, en Guadalajara o en Chiapas o en cualquier otro lugar con la misma pasión y alegría de siempre,¡ lo importante es que estamos vivos, mi amor y juntos!
Loreta.-Para mí Yurécuaro es mi mundo, mi pasado, mis recuerdos, no importa que no sea el mismo pueblo de antes, así cambiado, secuestrado a veces por la indiferencia, el temor, aún así quiero mucho a mi lugar de origen, sé que su gente es lo que hace hermoso a Yurécuaro. Aunque digan que su gente es creída, orgullosa, que se creen ricos, altivos, yo sé que la mayoría no es así, porque he visto que en muchas de sus calles hay unión entre los vecinos, la hay, su gente es especial.
Don Álvaro.- Las personas son muy amables, eso nunca te voy a negar, te voy a poner de ejemplo a quienes viven en Monte León, son muy hospitalarios, te atienden muy bien, te escuchan, te respetan, y ni que decir de los de “ la Chaqueta” y “ el Refugio”.
Loreta.- En “Mirandillas” y “El Camiche” su gente es muy noble, son sinceros, aunque son discretos también ya que cuando algo no les gusta lo expresan abiertamente, ¿recuerdas cómo nos trataron en “La Joya” cuando fuimos a buscar a mis familiares? De maravilla, y lo mismo sucedió en “San Antonio” y “El Cerro Colorado”.
Don Álvaro.- Y aunque en “el Tequesquite” fue donde secuestraron a Esther, las personas de allí siempre nos brindaron su apoyo y ayuda incondicional al igual que en “Munguía”.
Loreta.-Las personas de Yurécuaro tienen mucho que dar todavía, mucho que demostrar, son más las personas buenas que las malas, tarde o temprano se hará justicia con todos aquellos que se encargan de ensuciar la imagen de un pueblo noble, simplemente van a cosechar lo que han venido sembrando desde hace tiempo, solo eso, y no habrá vuelta de hoja para ellos. Definitivamente Álvaro, no deseo por ningún motivo dejar Yurécuaro, es mi última palabra, sé que es como si me rebelara contra ti, pero es un trauma que tengo, ¡necesito tanto de tu comprensión!
Loreta menciona estas fuertes palabras, se dice que la mujer tiene que seguir a su esposo a dondequiera que este vaya, pero ella desea con todo su corazón apoyar y seguir a su esposo, pero a la vez desea tanto sentirse comprendida por él.
Pasan dos semanas:
CD. DE MÉXICO:
La familia Díaz llega a la Cd. De México, y se encuentran en la Casa que era de Loreta y que tuvo que vender, y en la que vivió dos décadas. La Casa está totalmente amueblada, ¡se ve realmente hermosa! Los recuerdos van y vienen en la mente de Loreta y Jovita:
Jovita.- ¡Pensé que nunca regresaría a esta casa Loreta!
Loreta.- ¡Yo también!, mi casa, mi refugio, donde escapé de tanta soledad y desesperanza, donde conocí el amor y la muerte de mi ser amado.
Jovita.- ¡Mira las cortinas! Son blancas, relucientes y no oscuras como las que dejamos puestas en aquella ocasión, de incertidumbre y dolor. ¡Y pensar que desde hoy volverá a ser tu hogar!
Loreta.- Te equivocas, mi lugar no está aquí, ¡me ahoga la ciudad, me asfixia la soledad! Yo regreso a Yurécuaro, de eso no hay duda.
En eso, va entrando don Álvaro, quien alcanza a escuchar lo que dice Loreta:
Don Álvaro.- Pues yo sí me voy a quedar. Mi lugar es donde tenga oportunidades de trabajo, de progreso, y si es aquí, está maravillosamente bien. Eres mi esposa Loreta, pero también eres libre de hacer lo que quieras, yo no necesito una esclava, ni nadie que esté conmigo a la fuerza.
Loreta.- ¡Tu no puedes comprenderme, creo que nunca lo harás! Además siento que este no es el mejor momento para hablar.
Don Álvaro.- Desde hace diez días, no ha llegado ese momento, siempre estás triste, callada, no quiero verte así. Creo que me casé con la Loreta que yo no conocía, es mas creo que nunca la conocí.
Loreta.- ¡Perdóname Álvaro, necesito tiempo, dame tiempo para pensar en mis sentimientos, yo no quiero ser así contigo, mereces todo mi apoyo y mi respeto, pero para mí es tan difícil dejar ir mi vida en el pueblo que apenas recuperé y no quiero volver a perder otra vez.
Don Álvaro se queda solo en la Casa, todos los demás se marchan hacia Yurécuaro. A veces la vida es como la rueda de la fortuna, da tantas vueltas, y no sabes cuando van a cambiar las cosas, para bien o para mal. Lo importante es saber enfrentar lo que venga sea tan positivo o tan negativo, pero la pregunta es ¿dónde podemos aprender a enfrentar nuestros miedos más profundos o las experiencias inesperadas? ¿Dónde?
YURÉCUARO MICH.
Ha sido un viaje muy pesado para Loreta, pues desde que don Álvaro le planteó la idea de dejar Yurécuaro, su mente no volvió a estar tranquila, la angustia le robó el placer de disfrutar Canadá como ella quería, incluso no disfrutó a su hijo Benjamín tampoco, pero ahora se ha alejado de Álvaro y se siente culpable, muy deprimida. Van entrando a Yurécuaro por fin, cuando pasan por el panteón ven a muchas personas acompañando a una familia que ha perdido a su ser querido tan amado, ¡era tan joven y tenía tanto por vivir aún! Y todo fue tan de repente, tan rápido, que no se sabe aún si es un sueño, una pesadilla o una triste, muy triste realidad. Loreta y Esther platican con un familiar cercano de la familia que ha sufrido la gran pérdida:
Loreta.- ¡No puedo creer que haya pasado esto!
Familiar.- Sí, es real, vamos a tardar en aceptarlo, eso es seguro.
Esther.- ¡Lo lamentamos mucho por las personas tan finas que son sus padres!, ¡ojalá pronto encuentren la resignación que tanto necesitan! ¡Yo conozco a sus hermanos y son muy amables también!
Familiar.- Ellos son muy fuertes, pero van a necesitar mucho aguante y consuelo en los momentos que se sientan frágiles o desanimados, la ausencia, la ausencia duele y mucho.
Loreta.- Aquí algo muy importante es que la ausencia de no verla, será corta, porque la volverán a ver, cuando Jesucristo desde el cielo resucite a nuestros seres queridos en los panteones y cementerios, ellos escucharán su voz y saldrán, (Juan 5: 28, 29) con un cuerpo sano, radiantes de alegría, habrá quienes les estarán dando la bienvenida nuevamente a la vida.
Familiar.- ¿Y los vamos a reconocer? ¿Y ellos a nosotros también?Loreta.- ¡Por supuesto que sí! Dios, que su nombre es Jehová, Él fue el originador del primer hombre y la primera mujer, creó cada una de sus células de sus cuerpos, donde está registrada toda la información y las características de cada persona, pues todos somos diferentes, Él puede recordar a la perfección y con todo detalle como era la persona cuando murió, resucitará con su misma cara, su misma voz, sus mismos pensamientos, sus mismos sentimientos, ellos por fin habrán despertado del sueño profundo que es la muerte.
Familiar- ¿Entonces ahorita no está en el cielo, o en el purgatorio o en el infierno?
Loreta.- No, no está en ninguno de esos lugares, ni está sufriendo en un lugar de tormento, ni gozando en el cielo acompañada de ángeles, ni en un lugar oscuro necesitado de guía y de luz, ella está dormida profundamente, inconsciente, así lo dice el libro bíblico de Eclesiastés capítulo 9 versículo 5. Y de alguna manera, descansa del batallar diario de los que viven en el mundo.
Familiar.- Cuando sea la resurrección, ¿Solo los veremos por poquito tiempo?
Loreta.- No, la resurrección les dará la oportunidad de vivir en la Tierra para siempre junto a sus seres queridos que estén vivos, en unidad, de hecho habrá personas que viven ahorita que nunca van a conocer la muerte o lo que se siente morir porque pasarán con vida al nuevo orden, otras quizás muramos en estos tiempos pero con la esperanza de resucitar. Sin duda son tiempos muy bonitos los que vienen, ¡Hay luz radiante en el horizonte, lo podemos ver!
Al pasar de los días, Loreta extraña a Álvaro, no le ha telefoneado, igual y quiere darle tiempo para relajarse y comprender muchas cosas, en verdad que la ausencia duele y es muy difícil dejar ir el amor, pues podría irse para siempre. Mientras camina hacia el Supermercado que se encuentra cercas del puente que cruza a la Ribera, Loreta se encuentra con su amiga María Elena Becerra:
Ma. Elena.- ¡Me da mucho gusto saludarte amiga Loreta!
Loreta.- A mí me da más gusto María Elena, ya estoy de nuevo en Yurécuaro. ¡El clima está más sabroso aquí que en Canadá, allá el frío está insoportable!
Ma. Elena.- Oye amiga, a mí no me engañas, a ti te pasa algo, te noto triste. ¿Qué tienes, te puedo ayudar?
Loreta.-La verdad me gustaría platicarte todo lo que me pasa, pero nunca podemos coincidir, ya ves la invitación a comer que me hiciste, no he podido cumplir con ella.
Ma. Elena.- ¡No te preocupes! Ya llegará el día, a propósito, Manuel Mora me invitó a cenar mañana en la Casa Luna, es algo muy personal, me gustaría que nos acompañaras, al fin que eres amiga de nosotros también. Qué dices ¿aceptas?
Loreta.- Pues con tal de platicarte de lo sucedido con Álvaro y ver si me puedes ayudar, acepto. ¡Mañana nos vemos en la hermosa “Casa Luna”!
Rodeada de camelinas de diversos colores en la entrada de la Casa, y majestuosamente situada junto al Río Lerma y una vista espectacular de “Las Chorreras” desde la hermosa terraza, así es la famosa “Casa Luna”, se puede apreciar como el nivel del Río ha subido bastante, unos caminos de cemento y piedra, bolas de roca blanca dan la bienvenida a la Casa, una pintura de Frida Kahlo y unas mesas muy elegantes en la terraza, un candelabro donde velas están encendidas para iluminar la noche, música suave instrumental de fondo, Loreta está sorprendida:
Manuel Mora.- ¡Buenas noches Loreta!
Loreta.- ¡Buenas noches Manuel! Siempre me quedo sorprendida con la Casa, Soy la invitada de María Elena.
María Elena.- No te preocupes Loreta, Manuel ya está enterado de todo, preocúpate por disfrutar de la hermosa noche.
Manuel Mora.-Y eres invitada nuestra también, siéntete como en tu propia casa, disfruta de la noche, será muy especial, te lo aseguro.
Loreta.- Me costará trabajo sentirme feliz del todo, me siento incompleta, no me hagas caso, ¿a dónde se iría Mary?
Manuel.- fue a checar lo de la cena, ¡es un platillo italiano, delicioso! Toma asiento Loreta, no tardamos, estaremos adentro terminando los preparativos.
Loreta.- Insisto, ¡siento que debo acompañar a María Elena y ayudar en algo!
Manuel Mora.- No, Loreta, debes quedarte aquí para que atiendas a tu otro invitado, tendrán mucho de qué platicar seguramente.
Loreta.- ¿Otro invitado? Yo no invité a nadie más.
Manuel Mora.- entonces creo que se invitó él solo, ¡míralo ya llegó!
Loreta voltea hacia la puerta y se queda asombrada al ver a don Álvaro, elegantemente vestido, quien está en la Casa Luna.
Don Álvaro.- ¡Buenas noches! Hermosa luna sobre la Casa, se antoja conversar a la orilla del Río, pero si hay algún inconveniente, puedo volver otro día.
Loreta.- ¡Álvaro qué sorpresa! Justamente sentía la necesidad de compartir contigo estos momentos, me alegra muchísimo que estés aquí.
Don Álvaro.-Tenemos tantas cosas que decirnos, expresar nuestros sentimientos mas profundos.
Manuel Mora.-… Yo los dejo, platiquen con calma, al ratito les traeremos la cena.
Loreta.- ¡Muy amable Manuel! Ustedes planearon todo esto, ¡qué lindos!
Ya solos, conversan, se miran a los ojos, saben que a veces se pierden los estribos, pero también saben el poder del perdón y que el amor todo lo aguanta, todo lo perdona, todo lo puede.
Don Álvaro.- Loreta, siento que no fui comprensivo contigo, me faltó tacto, y pensé solo en mis propios intereses, ahora quiero decirte que he decidido estar en Yurécuaro viviendo porque quiero estar junto a ti, ¡eres lo que más amo en la vida!
Loreta.- Y yo quiero decirte que acepto viajar temporadas fuera de Yurécuaro junto a ti, pero siempre, siempre regresar de nuevo. ¡Y también eres lo mejor de mi vida!
En eso están cuando voltean a ver al río, se acerca una balsa con hombres muy sospechosos ¿Quiénes serán? CONTINUARÁ…. ESCRITA POR FRANCISCO MURILLO MÉNDEZ.
Loreta.- ¡Álvaro me pones entre la espada y la pared! Me pides algo tan fuerte, sé que parezco que exagero, pero compréndeme, me dolió dejar Yurécuaro hace más de veinte años.
Don Álvaro.- Es que no te puedes aferrar a un solo lugar, debes aprender a vivir en Yurécuaro, en Morelia, en Guadalajara o en Chiapas o en cualquier otro lugar con la misma pasión y alegría de siempre,¡ lo importante es que estamos vivos, mi amor y juntos!
Loreta.-Para mí Yurécuaro es mi mundo, mi pasado, mis recuerdos, no importa que no sea el mismo pueblo de antes, así cambiado, secuestrado a veces por la indiferencia, el temor, aún así quiero mucho a mi lugar de origen, sé que su gente es lo que hace hermoso a Yurécuaro. Aunque digan que su gente es creída, orgullosa, que se creen ricos, altivos, yo sé que la mayoría no es así, porque he visto que en muchas de sus calles hay unión entre los vecinos, la hay, su gente es especial.
Don Álvaro.- Las personas son muy amables, eso nunca te voy a negar, te voy a poner de ejemplo a quienes viven en Monte León, son muy hospitalarios, te atienden muy bien, te escuchan, te respetan, y ni que decir de los de “ la Chaqueta” y “ el Refugio”.
Loreta.- En “Mirandillas” y “El Camiche” su gente es muy noble, son sinceros, aunque son discretos también ya que cuando algo no les gusta lo expresan abiertamente, ¿recuerdas cómo nos trataron en “La Joya” cuando fuimos a buscar a mis familiares? De maravilla, y lo mismo sucedió en “San Antonio” y “El Cerro Colorado”.
Don Álvaro.- Y aunque en “el Tequesquite” fue donde secuestraron a Esther, las personas de allí siempre nos brindaron su apoyo y ayuda incondicional al igual que en “Munguía”.
Loreta.-Las personas de Yurécuaro tienen mucho que dar todavía, mucho que demostrar, son más las personas buenas que las malas, tarde o temprano se hará justicia con todos aquellos que se encargan de ensuciar la imagen de un pueblo noble, simplemente van a cosechar lo que han venido sembrando desde hace tiempo, solo eso, y no habrá vuelta de hoja para ellos. Definitivamente Álvaro, no deseo por ningún motivo dejar Yurécuaro, es mi última palabra, sé que es como si me rebelara contra ti, pero es un trauma que tengo, ¡necesito tanto de tu comprensión!
Loreta menciona estas fuertes palabras, se dice que la mujer tiene que seguir a su esposo a dondequiera que este vaya, pero ella desea con todo su corazón apoyar y seguir a su esposo, pero a la vez desea tanto sentirse comprendida por él.
Pasan dos semanas:
CD. DE MÉXICO:
La familia Díaz llega a la Cd. De México, y se encuentran en la Casa que era de Loreta y que tuvo que vender, y en la que vivió dos décadas. La Casa está totalmente amueblada, ¡se ve realmente hermosa! Los recuerdos van y vienen en la mente de Loreta y Jovita:
Jovita.- ¡Pensé que nunca regresaría a esta casa Loreta!
Loreta.- ¡Yo también!, mi casa, mi refugio, donde escapé de tanta soledad y desesperanza, donde conocí el amor y la muerte de mi ser amado.
Jovita.- ¡Mira las cortinas! Son blancas, relucientes y no oscuras como las que dejamos puestas en aquella ocasión, de incertidumbre y dolor. ¡Y pensar que desde hoy volverá a ser tu hogar!
Loreta.- Te equivocas, mi lugar no está aquí, ¡me ahoga la ciudad, me asfixia la soledad! Yo regreso a Yurécuaro, de eso no hay duda.
En eso, va entrando don Álvaro, quien alcanza a escuchar lo que dice Loreta:
Don Álvaro.- Pues yo sí me voy a quedar. Mi lugar es donde tenga oportunidades de trabajo, de progreso, y si es aquí, está maravillosamente bien. Eres mi esposa Loreta, pero también eres libre de hacer lo que quieras, yo no necesito una esclava, ni nadie que esté conmigo a la fuerza.
Loreta.- ¡Tu no puedes comprenderme, creo que nunca lo harás! Además siento que este no es el mejor momento para hablar.
Don Álvaro.- Desde hace diez días, no ha llegado ese momento, siempre estás triste, callada, no quiero verte así. Creo que me casé con la Loreta que yo no conocía, es mas creo que nunca la conocí.
Loreta.- ¡Perdóname Álvaro, necesito tiempo, dame tiempo para pensar en mis sentimientos, yo no quiero ser así contigo, mereces todo mi apoyo y mi respeto, pero para mí es tan difícil dejar ir mi vida en el pueblo que apenas recuperé y no quiero volver a perder otra vez.
Don Álvaro se queda solo en la Casa, todos los demás se marchan hacia Yurécuaro. A veces la vida es como la rueda de la fortuna, da tantas vueltas, y no sabes cuando van a cambiar las cosas, para bien o para mal. Lo importante es saber enfrentar lo que venga sea tan positivo o tan negativo, pero la pregunta es ¿dónde podemos aprender a enfrentar nuestros miedos más profundos o las experiencias inesperadas? ¿Dónde?
YURÉCUARO MICH.
Ha sido un viaje muy pesado para Loreta, pues desde que don Álvaro le planteó la idea de dejar Yurécuaro, su mente no volvió a estar tranquila, la angustia le robó el placer de disfrutar Canadá como ella quería, incluso no disfrutó a su hijo Benjamín tampoco, pero ahora se ha alejado de Álvaro y se siente culpable, muy deprimida. Van entrando a Yurécuaro por fin, cuando pasan por el panteón ven a muchas personas acompañando a una familia que ha perdido a su ser querido tan amado, ¡era tan joven y tenía tanto por vivir aún! Y todo fue tan de repente, tan rápido, que no se sabe aún si es un sueño, una pesadilla o una triste, muy triste realidad. Loreta y Esther platican con un familiar cercano de la familia que ha sufrido la gran pérdida:
Loreta.- ¡No puedo creer que haya pasado esto!
Familiar.- Sí, es real, vamos a tardar en aceptarlo, eso es seguro.
Esther.- ¡Lo lamentamos mucho por las personas tan finas que son sus padres!, ¡ojalá pronto encuentren la resignación que tanto necesitan! ¡Yo conozco a sus hermanos y son muy amables también!
Familiar.- Ellos son muy fuertes, pero van a necesitar mucho aguante y consuelo en los momentos que se sientan frágiles o desanimados, la ausencia, la ausencia duele y mucho.
Loreta.- Aquí algo muy importante es que la ausencia de no verla, será corta, porque la volverán a ver, cuando Jesucristo desde el cielo resucite a nuestros seres queridos en los panteones y cementerios, ellos escucharán su voz y saldrán, (Juan 5: 28, 29) con un cuerpo sano, radiantes de alegría, habrá quienes les estarán dando la bienvenida nuevamente a la vida.
Familiar.- ¿Y los vamos a reconocer? ¿Y ellos a nosotros también?Loreta.- ¡Por supuesto que sí! Dios, que su nombre es Jehová, Él fue el originador del primer hombre y la primera mujer, creó cada una de sus células de sus cuerpos, donde está registrada toda la información y las características de cada persona, pues todos somos diferentes, Él puede recordar a la perfección y con todo detalle como era la persona cuando murió, resucitará con su misma cara, su misma voz, sus mismos pensamientos, sus mismos sentimientos, ellos por fin habrán despertado del sueño profundo que es la muerte.
Familiar- ¿Entonces ahorita no está en el cielo, o en el purgatorio o en el infierno?
Loreta.- No, no está en ninguno de esos lugares, ni está sufriendo en un lugar de tormento, ni gozando en el cielo acompañada de ángeles, ni en un lugar oscuro necesitado de guía y de luz, ella está dormida profundamente, inconsciente, así lo dice el libro bíblico de Eclesiastés capítulo 9 versículo 5. Y de alguna manera, descansa del batallar diario de los que viven en el mundo.
Familiar.- Cuando sea la resurrección, ¿Solo los veremos por poquito tiempo?
Loreta.- No, la resurrección les dará la oportunidad de vivir en la Tierra para siempre junto a sus seres queridos que estén vivos, en unidad, de hecho habrá personas que viven ahorita que nunca van a conocer la muerte o lo que se siente morir porque pasarán con vida al nuevo orden, otras quizás muramos en estos tiempos pero con la esperanza de resucitar. Sin duda son tiempos muy bonitos los que vienen, ¡Hay luz radiante en el horizonte, lo podemos ver!
Al pasar de los días, Loreta extraña a Álvaro, no le ha telefoneado, igual y quiere darle tiempo para relajarse y comprender muchas cosas, en verdad que la ausencia duele y es muy difícil dejar ir el amor, pues podría irse para siempre. Mientras camina hacia el Supermercado que se encuentra cercas del puente que cruza a la Ribera, Loreta se encuentra con su amiga María Elena Becerra:
Ma. Elena.- ¡Me da mucho gusto saludarte amiga Loreta!
Loreta.- A mí me da más gusto María Elena, ya estoy de nuevo en Yurécuaro. ¡El clima está más sabroso aquí que en Canadá, allá el frío está insoportable!
Ma. Elena.- Oye amiga, a mí no me engañas, a ti te pasa algo, te noto triste. ¿Qué tienes, te puedo ayudar?
Loreta.-La verdad me gustaría platicarte todo lo que me pasa, pero nunca podemos coincidir, ya ves la invitación a comer que me hiciste, no he podido cumplir con ella.
Ma. Elena.- ¡No te preocupes! Ya llegará el día, a propósito, Manuel Mora me invitó a cenar mañana en la Casa Luna, es algo muy personal, me gustaría que nos acompañaras, al fin que eres amiga de nosotros también. Qué dices ¿aceptas?
Loreta.- Pues con tal de platicarte de lo sucedido con Álvaro y ver si me puedes ayudar, acepto. ¡Mañana nos vemos en la hermosa “Casa Luna”!
Rodeada de camelinas de diversos colores en la entrada de la Casa, y majestuosamente situada junto al Río Lerma y una vista espectacular de “Las Chorreras” desde la hermosa terraza, así es la famosa “Casa Luna”, se puede apreciar como el nivel del Río ha subido bastante, unos caminos de cemento y piedra, bolas de roca blanca dan la bienvenida a la Casa, una pintura de Frida Kahlo y unas mesas muy elegantes en la terraza, un candelabro donde velas están encendidas para iluminar la noche, música suave instrumental de fondo, Loreta está sorprendida:
Manuel Mora.- ¡Buenas noches Loreta!
Loreta.- ¡Buenas noches Manuel! Siempre me quedo sorprendida con la Casa, Soy la invitada de María Elena.
María Elena.- No te preocupes Loreta, Manuel ya está enterado de todo, preocúpate por disfrutar de la hermosa noche.
Manuel Mora.-Y eres invitada nuestra también, siéntete como en tu propia casa, disfruta de la noche, será muy especial, te lo aseguro.
Loreta.- Me costará trabajo sentirme feliz del todo, me siento incompleta, no me hagas caso, ¿a dónde se iría Mary?
Manuel.- fue a checar lo de la cena, ¡es un platillo italiano, delicioso! Toma asiento Loreta, no tardamos, estaremos adentro terminando los preparativos.
Loreta.- Insisto, ¡siento que debo acompañar a María Elena y ayudar en algo!
Manuel Mora.- No, Loreta, debes quedarte aquí para que atiendas a tu otro invitado, tendrán mucho de qué platicar seguramente.
Loreta.- ¿Otro invitado? Yo no invité a nadie más.
Manuel Mora.- entonces creo que se invitó él solo, ¡míralo ya llegó!
Loreta voltea hacia la puerta y se queda asombrada al ver a don Álvaro, elegantemente vestido, quien está en la Casa Luna.
Don Álvaro.- ¡Buenas noches! Hermosa luna sobre la Casa, se antoja conversar a la orilla del Río, pero si hay algún inconveniente, puedo volver otro día.
Loreta.- ¡Álvaro qué sorpresa! Justamente sentía la necesidad de compartir contigo estos momentos, me alegra muchísimo que estés aquí.
Don Álvaro.-Tenemos tantas cosas que decirnos, expresar nuestros sentimientos mas profundos.
Manuel Mora.-… Yo los dejo, platiquen con calma, al ratito les traeremos la cena.
Loreta.- ¡Muy amable Manuel! Ustedes planearon todo esto, ¡qué lindos!
Ya solos, conversan, se miran a los ojos, saben que a veces se pierden los estribos, pero también saben el poder del perdón y que el amor todo lo aguanta, todo lo perdona, todo lo puede.
Don Álvaro.- Loreta, siento que no fui comprensivo contigo, me faltó tacto, y pensé solo en mis propios intereses, ahora quiero decirte que he decidido estar en Yurécuaro viviendo porque quiero estar junto a ti, ¡eres lo que más amo en la vida!
Loreta.- Y yo quiero decirte que acepto viajar temporadas fuera de Yurécuaro junto a ti, pero siempre, siempre regresar de nuevo. ¡Y también eres lo mejor de mi vida!
En eso están cuando voltean a ver al río, se acerca una balsa con hombres muy sospechosos ¿Quiénes serán? CONTINUARÁ…. ESCRITA POR FRANCISCO MURILLO MÉNDEZ.
lunes, 15 de febrero de 2010
CAPÍTULO 26: “¿QUÉ HARÉ CON MI VIDA?
QUEBEC, CANADÁ:
Don Álvaro Ballesteros y la familia Díaz están en Canadá, están juntos de nuevo, después de duras batallas emocionales en México, Benjamín está feliz de estar con su mamá, su abuela, su hermana Esther y Jovita, más en un lugar tan hermoso como lo es la ciudad de Quebec. Pero ahora se van a encontrar con otra yurecuarense distinguida: Ma. Del Refugio Briseño “Cuquita”, quien es actriz y se presentará en la Obra de Teatro “Los Sordos oyen de más…cuando mirar menos no se puede”, una cómica historia que hará reír a carcajadas a todos los hispanos que viven en la ciudad. Mientras llega Cuquita, Benjamín le pregunta a Loreta acerca de Selene, recibe una respuesta asombrosa:
Loreta.-Selene tomó una decisión equivocada, desgraciadamente ella rechazó la beca que se le otorgó y regresó hace quince días a Canadá.
Benjamín.- ¿Cómo? ¿Quieres decir que ella está aquí, con su familia?
Loreta.- Sí. Ojalá que la podamos ver, mientras estamos aquí, en nuestras vacaciones, ella sufrió mucho por el rechazo de su padre, siento que lo mejor fue que regresara, aquí estará mucho mejor junto a Susan, su mamá. ¡Qué triste es cuando un matrimonio se divorcia! ¡Cuánto daño se ocasiona a la familia y a ellos mismos!
Benjamín.- Sí. Mamá ¿Alguna vez pensaste en divorciarte de papá?
Loreta.- Te soy sincera, nunca lo pensé, sé que es raro que lo diga pero es verdad. Ramón mi esposo y yo sabíamos que un matrimonio con problemas es comparable a una casa que está muy deteriorada, ya que es obvio que no se le ha dado mantenimiento. Después a lo largo de los años, los embates de muchas tormentas han debilitado su estructura, y parece estar a punto de derrumbarse. Discusiones constantes, palabras hirientes, infidelidad, resentimiento son factores debilitantes, es ahí cuando la pareja tiene que hablar y después de evaluar los daños siguiendo con el ejemplo de la casa es cuando los propietarios tienen que decidir si demolerán la casa o la conservarán. O lo que es lo mismo, decidir si continuar luchando por resolver los problemas o recurrir al doloroso medio del divorcio.
Benjamín.- ¡Ojalá que los matrimonios aprendan a enfrentar con paciencia y aguante las dificultades que conlleva la vida conyugal, pues todos los matrimonios tienen problemas, de eso no hay duda!
La familia sigue caminando en el aeropuerto rumbo a casa, cuando llegan Cuquita y su hijo, y saludan a Loreta:
Cuquita.- ¡Qué sorpresa! ¡Loreta Díaz en Canadá!
Loreta.- Y Cuquita Briseño no se queda atrás eh, me alegra mucho el triunfo en la actuación que has tenido.
Cuquita.- Así somos los artistas Yurecuarenses que viajamos alrededor del mundo, siempre triunfando, ¡Somos personas de mucho valor ¿ a poco no?
Loreta.- Seguro que así es, y otra primicia es que en estos días sale a la venta el libro “Los Humillados” novela de otro yurecuarense.
Cuquita.- ¿El mismo que escribió aquella novela de La Ausencia que nunca se acababa o algo así? Que apareció en un periódico famosillo, es un muchacho de la colonia “El Hacha” de los Murillo, te diré que a veces se le bota una tuerca eh? No te creas, es mi amigo.
Loreta.- Mío también, y no se le bota una tuerca, cuidado, ¡se le botan como tres tuercotas! Pero en el fondo es un dulce…medio chicloso, pero al fin dulce.
Cuquita.- La obra de Teatro que vamos a presentar… la escribió él, no tiene mas quehacer seguramente que tejer historias, pero por fin escribió una de risa, es lo que la gente necesita, reírse, carcajearse, ¡la vida es bella!
Loreta.- Recuérdame cómo se llama la Obra Cuquita.
Cuquita.-“Los Sordos oyen de más…cuando mirar menos no se puede”.
Loreta.- ¡Pues me muero por verla! Ten la seguridad de que ahí estaremos. Oye ¿dónde estarás hospedada?
Cuquita.- En uno de los mejores hoteles franceses de Quebec, como de 28 estrellas fíjate.
Loreta.- Pues vas a estar bien estrellada amiga, ojalá no pierdas el conocimiento. Ya me imagino sentada en el teatro con mi familia y mi bolsa de palomitas.
Cuquita.- Aquí no se dan palomitas, se dan papas a la francesa y se calzan zapatos Canadá.
Loreta.- ¡Pues allí nos vemos!
TEATRO FRANCES DE QUEBEC CANADÁ:
La noche es majestuosa, es una función de gala, la alfombra roja resalta por su elegancia y las personalidades no tardan en llegar, las luces tenues y otras brillantes le dan un toque espectacular a la noche. Tercera llamada, la función comenzará:
Se abre el telón, la obra más mexicana que el mole comienza. Se ve un gran paisaje en el campo, hay parcelas de maíz y el cerro luce en todo su esplendor, a lo lejos se ve a Amelia Debelia(personaje interpretado por Cuquita), una muchacha con la cara de payasita junto a un caballo, haber, mmn, ¡déjenme ver bien…no… no es un caballo, mas bien parece un burro, no, no lo digo porque no está planchadito el animal, pero está demasiado arrugadón el pobre eh? Amelia está junto a su hermano Chopán Chopán(Francisco Murillo), un payasito muy payasito:
Chopán.- Amelia ¡Deja que nuestro burro llamado “Lambezacate” se alimente como debe de ser!
Amelia.- Pero si ya comió rete harto…ya hasta se está poniendo verde de tanta alfalfa y pasto que ha comido, ya hasta quiere llamarse “Clorofilo” y agua, ya se tomó una zanja entera el deshidratado.
Chopán.- Acuérdate que Lambezacate es como de la familia y debe de estar bien nutrido para acarrear la leña del cerro a la casa, recuerda que vivimos a 30 kilómetros… (En autobús eh).Y si está flacucho no va a poder ni con sus huesos.
Amelia.- ¡Ay Chopán! Tu siempre defendiéndolo, a ver como no lo obligaste a que fuera a la escuela de chiquito. Si hubiera ido, no viera de trabajar bien duro en el campo.
Chopán.- Acuérdate que en la escuela no lo aceptaron.
Amelia.-Pues no, no lo aceptaron porque es obvio, porque le faltaban días para acabalar los seis años y no podía. Qué exigentes!
Chopán.- Mira, mejor vámonos yendo para llevarle a nuestra mamá los nopales, quelites y verdolagas para la comida.
Amelia.- ¡Uy! Vamos a comer bien rico, aunque somos bien pobres, pero tranquilos, la comida sabe bien sabrosa cuando toda la familia está unida y no hay pleitos.
En eso ven que se acerca corriendo su primo “el pelos necios” y llega supera soleado gritando, trae un sobre en la mano:
Pelos necios.- ¡Amelia! ¡Chopán!
Amelia.- ¿Qué traes pelos necios? Aparte de los pelos necios ¿Qué te pasa? ¿Por qué vienes tan alborotado?
Pelos necios.-…Me encontré con don Papelino el cartero y me dio este sobre para que se los trajera a ustedes.
Chopán.- ¿Es una carta o un cheque?
Amelia.- ¿Cheque? ¿Pero por qué? Si yo aunque parezco estrella de cine, todavía no hago ninguna película, a poco me quieren pagar por adelantado.
Pelos Necios.- No sabrán de qué se trata hasta que abran el sobre y vean su contenido.
Chopán.- Hey, ¿y qué tal que traiga el Ántrax y quieran exterminar a todos los pobres, empezando con los maaas pobres, o sea con nosotros?
Amelia.- Creo que lo más lógico y conveniente es que llevemos la carta a mamá y que ella con su caudal de sabiduría materna nos ayude a averiguar quién me la mandó, porque viene a mi nombre, mío, propio de mí, nomás.
Chopán.- Me parece correcto…como lo que nos preocupa nos urge, vamos a dejar a Lambezacate aquí comiéndose unas quesadillas de zacate. ¡Gracias Pelos Necios por traernos la carta hasta aquí!
Pelos Necios.- ¡De nada! Si no está tan lejos…solo son 23 kilómetros corriendo sin parar, nomás para llegar al camino que viene para acá.
Amelia.- Huy, bien cerquitas.
Pues Amelia y Chopán se van, al poco rato llegan hasta una casita muy humilde, ahí se encuentra doña Cariñosa Lentejuela (personaje interpretado por Carmen Salinas), su mamá quien es muy alegre y cantadora.
Doña Cariñosa Lentejuela.-¡ No tengo dinero…ni nada que dar…lo único que tengo es amor para dar! Lalalalala lalalalalá lalalalalala…
En eso entran Amelia y Chopán:
Amelia.- ¡Mamita! ¡Mamita!
Doña Cariñosa.- ¿Qué les pasa?
Chopán.- Alguien le envió a Amelia una carta muy misteriosa.
Doña Cariñosa.- ¿y cómo saben que es misteriosa?
Chopán.- Porque en el sobre no dice nada, nomás dice quién la manda y para quien es. ¡Eso es muy sospechoso!
Doña Cariñosa.- Pero seguro adentro del sobre sí dice algo, ahorita nos enteraremos.
Amelia.- ¿Y qué tal si es un Antónimo?
Chopán.- No Amelia, no se dice Antónimo… se dice Sinónimo. Yo sí fui a la escuela, no como otros.
Doña Cariñosa.- Querrán decir ANONIMO, Déjenme abrir el sobre, ahorita nos enteraremos del contenido…
El público en el Teatro está atento a la función, don Álvaro le pide a Loreta que por favor lo acompañe, ya que tiene que salir y decirle algo muy importante, eso será en el intermedio. Al rato, se encuentran en un jardín frente al Teatro y se sientan en una banca:
Loreta.- Álvaro, me sacaste literalmente de la función ¿Qué es eso tan importante que me quieres decir?
Don Álvaro.- Acabo de recibir la confirmación de dos noticias muy importantes para mí y quiero que también lo sean para ti. Mira, este no es el único regalo que te tengo, existe otro. Acabo de comprar la Casa de la Ciudad de México que vendiste y en la cuál viviste más de veinte años y sé que le guardas un cariño muy especial.
Loreta.- ¿La Casa que era de Ramón y de mi familia? ¿La compraste? ¡No lo puedo creer!
Don Álvaro.-Lo hago con todo mi cariño. La Casa está totalmente amueblada .La otra noticia es que me ofrecieron el trabajo de Catedrático en la UNAM y voy a necesitar vivir en la Ciudad de México, eso implica que tanto Esther, Benjamín, Jovita, la abuela Eloísa y tú, se muden a vivir de nuevo a la ciudad. Y eso implica algo más: Dejar Yurécuaro.
Loreta.- ¿Dejar Yurécuaro? ¿De nuevo abandonar mi tierra, el lugar dónde nací? ¿Mi pueblo querido? ¡Qué difícil!
Don Álvaro.- ¡Piénsalo muy bien Loreta! es lo mejor, por el bien de tus hijos y el nuestro, yo dejaré La Piedad, es un sacrificio pero lo haré.
Loreta.-Dejar Yurécuaro, ¡Qué difícil dilema! ¿Qué haré con mi vida? ¿Qué haré?...
CONTINUARÁ…. ESCRITA POR FRANCISCO MURILLO MÉNDEZ.
¡RECUERDA QUE SOLO QUEDAN TRES CAPÍTULOS! ¡EL FINAL SE APROXIMA!
Don Álvaro Ballesteros y la familia Díaz están en Canadá, están juntos de nuevo, después de duras batallas emocionales en México, Benjamín está feliz de estar con su mamá, su abuela, su hermana Esther y Jovita, más en un lugar tan hermoso como lo es la ciudad de Quebec. Pero ahora se van a encontrar con otra yurecuarense distinguida: Ma. Del Refugio Briseño “Cuquita”, quien es actriz y se presentará en la Obra de Teatro “Los Sordos oyen de más…cuando mirar menos no se puede”, una cómica historia que hará reír a carcajadas a todos los hispanos que viven en la ciudad. Mientras llega Cuquita, Benjamín le pregunta a Loreta acerca de Selene, recibe una respuesta asombrosa:
Loreta.-Selene tomó una decisión equivocada, desgraciadamente ella rechazó la beca que se le otorgó y regresó hace quince días a Canadá.
Benjamín.- ¿Cómo? ¿Quieres decir que ella está aquí, con su familia?
Loreta.- Sí. Ojalá que la podamos ver, mientras estamos aquí, en nuestras vacaciones, ella sufrió mucho por el rechazo de su padre, siento que lo mejor fue que regresara, aquí estará mucho mejor junto a Susan, su mamá. ¡Qué triste es cuando un matrimonio se divorcia! ¡Cuánto daño se ocasiona a la familia y a ellos mismos!
Benjamín.- Sí. Mamá ¿Alguna vez pensaste en divorciarte de papá?
Loreta.- Te soy sincera, nunca lo pensé, sé que es raro que lo diga pero es verdad. Ramón mi esposo y yo sabíamos que un matrimonio con problemas es comparable a una casa que está muy deteriorada, ya que es obvio que no se le ha dado mantenimiento. Después a lo largo de los años, los embates de muchas tormentas han debilitado su estructura, y parece estar a punto de derrumbarse. Discusiones constantes, palabras hirientes, infidelidad, resentimiento son factores debilitantes, es ahí cuando la pareja tiene que hablar y después de evaluar los daños siguiendo con el ejemplo de la casa es cuando los propietarios tienen que decidir si demolerán la casa o la conservarán. O lo que es lo mismo, decidir si continuar luchando por resolver los problemas o recurrir al doloroso medio del divorcio.
Benjamín.- ¡Ojalá que los matrimonios aprendan a enfrentar con paciencia y aguante las dificultades que conlleva la vida conyugal, pues todos los matrimonios tienen problemas, de eso no hay duda!
La familia sigue caminando en el aeropuerto rumbo a casa, cuando llegan Cuquita y su hijo, y saludan a Loreta:
Cuquita.- ¡Qué sorpresa! ¡Loreta Díaz en Canadá!
Loreta.- Y Cuquita Briseño no se queda atrás eh, me alegra mucho el triunfo en la actuación que has tenido.
Cuquita.- Así somos los artistas Yurecuarenses que viajamos alrededor del mundo, siempre triunfando, ¡Somos personas de mucho valor ¿ a poco no?
Loreta.- Seguro que así es, y otra primicia es que en estos días sale a la venta el libro “Los Humillados” novela de otro yurecuarense.
Cuquita.- ¿El mismo que escribió aquella novela de La Ausencia que nunca se acababa o algo así? Que apareció en un periódico famosillo, es un muchacho de la colonia “El Hacha” de los Murillo, te diré que a veces se le bota una tuerca eh? No te creas, es mi amigo.
Loreta.- Mío también, y no se le bota una tuerca, cuidado, ¡se le botan como tres tuercotas! Pero en el fondo es un dulce…medio chicloso, pero al fin dulce.
Cuquita.- La obra de Teatro que vamos a presentar… la escribió él, no tiene mas quehacer seguramente que tejer historias, pero por fin escribió una de risa, es lo que la gente necesita, reírse, carcajearse, ¡la vida es bella!
Loreta.- Recuérdame cómo se llama la Obra Cuquita.
Cuquita.-“Los Sordos oyen de más…cuando mirar menos no se puede”.
Loreta.- ¡Pues me muero por verla! Ten la seguridad de que ahí estaremos. Oye ¿dónde estarás hospedada?
Cuquita.- En uno de los mejores hoteles franceses de Quebec, como de 28 estrellas fíjate.
Loreta.- Pues vas a estar bien estrellada amiga, ojalá no pierdas el conocimiento. Ya me imagino sentada en el teatro con mi familia y mi bolsa de palomitas.
Cuquita.- Aquí no se dan palomitas, se dan papas a la francesa y se calzan zapatos Canadá.
Loreta.- ¡Pues allí nos vemos!
TEATRO FRANCES DE QUEBEC CANADÁ:
La noche es majestuosa, es una función de gala, la alfombra roja resalta por su elegancia y las personalidades no tardan en llegar, las luces tenues y otras brillantes le dan un toque espectacular a la noche. Tercera llamada, la función comenzará:
Se abre el telón, la obra más mexicana que el mole comienza. Se ve un gran paisaje en el campo, hay parcelas de maíz y el cerro luce en todo su esplendor, a lo lejos se ve a Amelia Debelia(personaje interpretado por Cuquita), una muchacha con la cara de payasita junto a un caballo, haber, mmn, ¡déjenme ver bien…no… no es un caballo, mas bien parece un burro, no, no lo digo porque no está planchadito el animal, pero está demasiado arrugadón el pobre eh? Amelia está junto a su hermano Chopán Chopán(Francisco Murillo), un payasito muy payasito:
Chopán.- Amelia ¡Deja que nuestro burro llamado “Lambezacate” se alimente como debe de ser!
Amelia.- Pero si ya comió rete harto…ya hasta se está poniendo verde de tanta alfalfa y pasto que ha comido, ya hasta quiere llamarse “Clorofilo” y agua, ya se tomó una zanja entera el deshidratado.
Chopán.- Acuérdate que Lambezacate es como de la familia y debe de estar bien nutrido para acarrear la leña del cerro a la casa, recuerda que vivimos a 30 kilómetros… (En autobús eh).Y si está flacucho no va a poder ni con sus huesos.
Amelia.- ¡Ay Chopán! Tu siempre defendiéndolo, a ver como no lo obligaste a que fuera a la escuela de chiquito. Si hubiera ido, no viera de trabajar bien duro en el campo.
Chopán.- Acuérdate que en la escuela no lo aceptaron.
Amelia.-Pues no, no lo aceptaron porque es obvio, porque le faltaban días para acabalar los seis años y no podía. Qué exigentes!
Chopán.- Mira, mejor vámonos yendo para llevarle a nuestra mamá los nopales, quelites y verdolagas para la comida.
Amelia.- ¡Uy! Vamos a comer bien rico, aunque somos bien pobres, pero tranquilos, la comida sabe bien sabrosa cuando toda la familia está unida y no hay pleitos.
En eso ven que se acerca corriendo su primo “el pelos necios” y llega supera soleado gritando, trae un sobre en la mano:
Pelos necios.- ¡Amelia! ¡Chopán!
Amelia.- ¿Qué traes pelos necios? Aparte de los pelos necios ¿Qué te pasa? ¿Por qué vienes tan alborotado?
Pelos necios.-…Me encontré con don Papelino el cartero y me dio este sobre para que se los trajera a ustedes.
Chopán.- ¿Es una carta o un cheque?
Amelia.- ¿Cheque? ¿Pero por qué? Si yo aunque parezco estrella de cine, todavía no hago ninguna película, a poco me quieren pagar por adelantado.
Pelos Necios.- No sabrán de qué se trata hasta que abran el sobre y vean su contenido.
Chopán.- Hey, ¿y qué tal que traiga el Ántrax y quieran exterminar a todos los pobres, empezando con los maaas pobres, o sea con nosotros?
Amelia.- Creo que lo más lógico y conveniente es que llevemos la carta a mamá y que ella con su caudal de sabiduría materna nos ayude a averiguar quién me la mandó, porque viene a mi nombre, mío, propio de mí, nomás.
Chopán.- Me parece correcto…como lo que nos preocupa nos urge, vamos a dejar a Lambezacate aquí comiéndose unas quesadillas de zacate. ¡Gracias Pelos Necios por traernos la carta hasta aquí!
Pelos Necios.- ¡De nada! Si no está tan lejos…solo son 23 kilómetros corriendo sin parar, nomás para llegar al camino que viene para acá.
Amelia.- Huy, bien cerquitas.
Pues Amelia y Chopán se van, al poco rato llegan hasta una casita muy humilde, ahí se encuentra doña Cariñosa Lentejuela (personaje interpretado por Carmen Salinas), su mamá quien es muy alegre y cantadora.
Doña Cariñosa Lentejuela.-¡ No tengo dinero…ni nada que dar…lo único que tengo es amor para dar! Lalalalala lalalalalá lalalalalala…
En eso entran Amelia y Chopán:
Amelia.- ¡Mamita! ¡Mamita!
Doña Cariñosa.- ¿Qué les pasa?
Chopán.- Alguien le envió a Amelia una carta muy misteriosa.
Doña Cariñosa.- ¿y cómo saben que es misteriosa?
Chopán.- Porque en el sobre no dice nada, nomás dice quién la manda y para quien es. ¡Eso es muy sospechoso!
Doña Cariñosa.- Pero seguro adentro del sobre sí dice algo, ahorita nos enteraremos.
Amelia.- ¿Y qué tal si es un Antónimo?
Chopán.- No Amelia, no se dice Antónimo… se dice Sinónimo. Yo sí fui a la escuela, no como otros.
Doña Cariñosa.- Querrán decir ANONIMO, Déjenme abrir el sobre, ahorita nos enteraremos del contenido…
El público en el Teatro está atento a la función, don Álvaro le pide a Loreta que por favor lo acompañe, ya que tiene que salir y decirle algo muy importante, eso será en el intermedio. Al rato, se encuentran en un jardín frente al Teatro y se sientan en una banca:
Loreta.- Álvaro, me sacaste literalmente de la función ¿Qué es eso tan importante que me quieres decir?
Don Álvaro.- Acabo de recibir la confirmación de dos noticias muy importantes para mí y quiero que también lo sean para ti. Mira, este no es el único regalo que te tengo, existe otro. Acabo de comprar la Casa de la Ciudad de México que vendiste y en la cuál viviste más de veinte años y sé que le guardas un cariño muy especial.
Loreta.- ¿La Casa que era de Ramón y de mi familia? ¿La compraste? ¡No lo puedo creer!
Don Álvaro.-Lo hago con todo mi cariño. La Casa está totalmente amueblada .La otra noticia es que me ofrecieron el trabajo de Catedrático en la UNAM y voy a necesitar vivir en la Ciudad de México, eso implica que tanto Esther, Benjamín, Jovita, la abuela Eloísa y tú, se muden a vivir de nuevo a la ciudad. Y eso implica algo más: Dejar Yurécuaro.
Loreta.- ¿Dejar Yurécuaro? ¿De nuevo abandonar mi tierra, el lugar dónde nací? ¿Mi pueblo querido? ¡Qué difícil!
Don Álvaro.- ¡Piénsalo muy bien Loreta! es lo mejor, por el bien de tus hijos y el nuestro, yo dejaré La Piedad, es un sacrificio pero lo haré.
Loreta.-Dejar Yurécuaro, ¡Qué difícil dilema! ¿Qué haré con mi vida? ¿Qué haré?...
CONTINUARÁ…. ESCRITA POR FRANCISCO MURILLO MÉNDEZ.
¡RECUERDA QUE SOLO QUEDAN TRES CAPÍTULOS! ¡EL FINAL SE APROXIMA!
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